27 de abril: Se abrirán las grandes alamedas del proyecto nacional

Por Daniel Ezcurra.

El 27 de abril del 2003 Nestor Kirchner y Daniel Scioli acceden a una segunda vuelta electoral que nunca se realizaría por la defección de Carlos Menem. La fórmula llega entonces a la presidencia de un país convulsionado y en una profunda crisis.

El gobierno de Nestor Kirchner es una experiencia que, sin duda, nace al interior del justicialismo y lee atentamente la fractura del 2001, como también las condiciones de recomposición y construcción de un nuevo orden político. Es parte del mosaico peronista y se erige a partir de la heterogeneidad que le es propia. En ese sentido, es el intento de consolidación de una nueva memoria histórica del peronismo. No como la simple expresión de una correlación de fuerzas; sino como imposición y establecimiento, siempre precario y en construcción, de un compromiso histórico, de un orden distinto al neoliberal.

Lo central, lo combustiblemente peligroso de su impronta es que no construyen desde la comodidad del testimonio ni desde la tibieza periférica del posibilismo; sino desde el corazón, desde las entrañas del hecho maldito del país burgués que es el peronismo. Es decir desde el centro mismo de la capacidad de enunciación de una nueva posibilidad histórica.

Una posibilidad que no tiene el aroma fragante de lo nuevo, sino que está amasada de rupturas y continuidades dadas por la pervivencia, para algunos indigerible, de una identidad que congrega tras de sí un plástico “saber hacer” de la política. La herramienta política del justicialismo es la herramienta misma de la gobernabilidad. Y es hora de decirlo de manera transparente: sin avanzar en la derrota y deconstrucción de la lógica neoliberal al interior del peronismo hay escasas posibilidades de profundizar un proyecto de país distinto.

Hay muchos frentes desde donde participar de esta batalla; desde adentro, desde la interlocución sin prejuicios, desde el esfuerzo de “desgorilización” de la sociedad, desde la construcción conjunta de una nueva mayoría frentista y, porque no, desde la disputa política. Néstor Kirchner era quien condensaba en si mismo este frente de batalla. No será fácil sin él, como nada fue fácil desde su partida. Pero la multitud de trabajadores y jóvenes que lo lloraron y se acercaron a darle su último adiós con los dedos en V y, por sobre todo, la incontrastable vigencia política de la figura de Cristina Fernández de Kirchner hablan mejor que cualquier análisis sobre la esperanza y la posibilidad abiertas.

Antes de partir Nestor nos desafió; “que florezcan mil flores”. Hoy esas flores guardan luto por la muerte del compañero y del líder. Pero han empezado a germinar, porque los líderes no hacen la historia sino que la condensan. La historia la hacen los pueblos. Y hoy es, nuevamente, la hora de los pueblos. Es momento de la militancia popular, de asumir más responsabilidades, de ser actores protagónicos de la unidad con convicciones necesaria para volver dejar atrás la derrota electoral, evitar una derrota política y volver a la senda de la construcción de una Argentina para todas y todos.

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Daniel Ezcurra

Docente y militante del FpV // Twitter: @ezcurrad

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