Balance CEOcrático: viviendo de prestado

gobernadores

Por Pablo Papini

Sobre el cierre de 2016, Mauricio Macri respiró un poco de aire fresco legislativo… pero tampoco tanto. Consiguió una ley de Ganancias más cercana a sus aspiraciones iniciales que a la sanción con la que toda la oposición lo había primereado a principios de diciembre. Pero el decreto con que metió a familiares de funcionarios en el blanqueo por una ventana que parlamentariamente se había cerrado será invalidado por ambas cámaras. Hay dudas en torno a la reglamentación que hizo el Presidente pero igual ocurre con la potestad del Congreso para impugnarla, por lo que el asunto va camino a judicializarse. En cualquier caso, se demorará durante un buen rato más, lo que le embarra el panorama. La polémica en derredor del impuesto a la cuarta categoría detonó la peor crisis política del mandato amarillo. Tan así, que fue la gota que rebalsó el vaso para que Olivos decidiera su primera alteración ministerial, que le agradan nada. Es que, como ningún otro, ese lío lo expuso en su condición de minoría.

Escribimos en Revista Zoom hace unos días, acerca de las dificultades parlamentarias que empezaron a acosar a Macri desde mediados de año, que sólo por los litigios caseros del peronismo viene zafando de dramas mayores. Conviene, a modo de balance de estos doce meses, establecer el significado de esa sentencia. Elocuente, pues la fragmentación es una de las notas distintivas del ciclo histórico que abrió la victoria de Cambiemos.

Se habla bastante de los desacuerdos entre la ex presidenta CFK y quienes ya no conduce y anhelan desplazarla para forzar un cambio de mando en el peronismo. Quizá demasiado, si es que se desea entender acabadamente la revulsión que hoy recorre a esa fuerza. Es cierto que es el ítem cúspide de la agenda, pero no el único. De hecho, alrededor de su reemplazo se dispara la primera de las contradicciones secundarias que suceden a la principal. Por ponerle nombres propios, y sólo circunstancialmente, se trata del sordo duelo que enfrenta a Juan Manuel Urtubey –desde adentro del partido– con Sergio Massa –quien construye por la suya–. Ganancias desnudó la grieta que los separa y radiografió sus respectivas carencias.

Se suele simplificar diciendo que Urtubey no pesa en Diputados, y que a su vez Massa es inocuo en el Senado. Es así, pero sólo en principio, porque nunca en el Congreso a un recinto no le resulta indiferente lo que haga el otro, también debido a los esfuerzos que hace Miguel Pichetto a tal efecto. En ese marco se batieron el salteño y el tigrense, con triunfo esta vez del primero por la diferencia que le saca a su rival en la cámara alta (maneja dos bancas de su comarca y una catamarqueña, la de su primo Dalmacio Mera), que pese al paso de los tiempos sigue siendo la trinchera por excelencia del club de gobernadores, de mayoría peronista, con intereses en las modificaciones impositivas y del que es socio el esposo de Isabel Macedo.

Más precisamente, es todo el colectivo de jefes provinciales, del que Urtubey apenas destaca un poco más en los medios porteños, el que no acepta a Massa. Andrés Malamud dice que por una mezcla de desconfianza y temor a su imprevisibilidad. María Esperanza Casullo alguna vez escribió que mucho tenía que ver en ese desamor la subversión de jerarquías que los gobernadores sienten en el hecho de que alguien quiera de saltar desde una intendencia hasta la Casa Rosada, sin hacer escala previa en la posición que ellos ocupan.

Todo puede ser. En concreto, eso pasó en 2015, e influyó determinantemente en que el renovador se pinchara, porque no pudo alcanzar la proyección federal que todavía le falta. Pichetto quiso terciar en esa fractura, conectando a los mandatarios locales con Massa para gerenciar el cambio de piel en el peronismo: los fracasos de la reforma electoral y de la versión original de Ganancias, en las que el Frente Renovador fue decisivo, son también sucesivos reveses para esa estrategia del sumo pontífice de la cámara alta.

Massa cuenta, pero no es lo central que se cree. Habladurías que, eso sí, sabe explotar bien.

Así como en el sostenimiento de Macri muchos encontraron la manera de erosionar a Cristina Fernández, ¿cuánto del apoyo de, por caso, Peppo al ex alcalde cabano tiene que ver con eso, y cuánto otro en la búsqueda de autonomía respecto de su antecesor?

Los gobernadores tienen, asimismo, dolores de cabeza propios de cada pago en específico. No se ha estudiado lo suficiente que las urnas del año pasado trajeron varios relevos. Mandatarios que heredan a liderazgos fuertes. El sanjuanino Sergio Uñac a José Luis Gioja, el chaqueño Domingo Peppo a Jorge Capitanich, el riojano Sergio Casas a Luis Beder Herrera, el entrerriano Gustavo Bordet a Sergio Urribarri, el tucumano Juan Manzur a José Alperovich.

Dicho sencillo: así como en el sostenimiento de Macri muchos encontraron la manera de erosionar a Cristina Fernández, ¿cuánto del apoyo de, por caso, Peppo al ex alcalde cabano tiene que ver con eso, y cuánto otro en la búsqueda de autonomía respecto de su antecesor? Dichos trámites varían según el ámbito, y ello resiente la linealidad de las lealtades parlamentarias, porque las jefaturas no siempre están tan claras, y a veces se superponen. Súmese a todo esto el juego libre de los peronistas Carlos Verna (controla a sus dos senadores), Mario Das Neves (uno), Alberto Rodríguez Saá (dos) y el expediente especial del cordobesismo, donde Juan Schiaretti y José Manuel De La Sota se organizan en un delicado equilibrio de armonía doméstica e independencia en cuanto a los negocios nacionales.

Por último, partidos provinciales gobiernan Neuquén, Río Negro y Santa Fe. Algo similar pasa en Santiago del Estero y Corrientes, aunque transitoriamente se han alineado coalicionalmente a nivel federal: los primeros con el Frente para la Victoria, los segundos con Cambiemos.

Un tercer rubro del conflicto es el de los sindicatos, que desde la renovación cafierista han perdido peso formal en el Partido Justicialista, pero cuyas opiniones nunca han dejado de ser tenidas en cuenta del todo; y de los movimientos sociales, a los que la ley argentina no termina de vincular acertadamente con el esquema productivo, y que por su carácter de novedad no han definido del todo su integración a la política partidaria aunque van rumbo a ello.

Con el peronismo a cargo de Balcarce 50 todo este cuadro se despejaría, porque hay en esa tribu la costumbre de ordenarse al Poder Ejecutivo, y desde esa robustez se descompensa al resto. Así y todo, Néstor Kirchner y su esposa jamás lograron influir en cordobeses y puntanos, sólo por citar un par de ejemplos, que hubo más. Macri elaboró pax en un escenario adverso a base de expectativas ciudadanas (propias; y culpas ajenas). Conforme las fue gastando, se le enredó la marcha. Y se le encareció, fundamentalmente, con lo que su programa se desfigura; y por ende, su razón de ser y su consenso interno. Deliciosa metáfora la de un gobierno cuyo plan económico se basa esencialmente en el endeudamiento que gestione su política a partir de recursos que no le pertenecen, y a la larga lo combatirán.

¿Por cuánto tiempo más elegirá depender de procesos que no domina? ¿Cuál es su plan b para la hipótesis de que el peronismo finalmente se reconcilie?

Así las cosas, la conclusión 2016 es que la gobernabilidad 2017 es una incógnita.

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