Brasil: La PEC 241 y la excusa perfecta

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Foto: Mídia NINJA

 

Por Lola Melendi

Vale la pena insistir en pensar Brasil. Persistir en el esfuerzo de entender Brasil, como si un país pudiera entenderse. Está claro que Brasil no es sólo un país. Al menos no en el sentido en que también lo son Jamaica, o Surinam. Brasil es la mitad de Sudamérica: de su población, de su territorio, de sus recursos. Es el vecino inmediato de todos salvo de Chile y Ecuador. Esta semana, la Cámara de Diputados de la mitad de Sudamérica aprobó una norma que pretende congelar el gasto público durante los próximos veinte años. ¿Alguien puede creer que en esta América una norma vaya a durar veinte años? ¿Por qué pretender condicionar a los próximos cinco gobiernos con una enmienda que cualquier otro puede volver a enmendar? Vale la pena insistir. Pensar.

Cuando asumió su mandato interino, recién abierto el impeachment contra Dilma Rousseff, Temer (PMDB) anunció un paquete de reformas económicas. Entre ellas, el envío al Congreso de una propuesta de enmienda constitucional (PEC), que fijaría un techo al gasto público. La PEC 241/16, que entró a la Cámara de Diputados con la firma del ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, propone un nuevo régimen fiscal con vigencia por veinte años: durante ese período, los gobiernos no podrían aumentar el gasto primario, incluso si hubiera superávit. El presupuesto se congela en el monto actual, corrigiéndose una vez por año de acuerdo con el índice de inflación oficial (IPCA).

Actualmente, hay gastos que se calculan en función de la recaudación. Por ejemplo, el gobierno nacional está obligado a invertir el 15% de sus ingresos en el sistema de salud, y el 18% en el sistema educativo. Cuando la PEC 241 sea aprobada en el Senado – se prevé que antes de fin de año-, estos gastos también se mantendrán fijos. No así la población: según cálculos del IBGE, los brasileros crecerán un 9%, y en veinte años duplicarán su cantidad de adultos mayores. Grazielle David, asesora del Instituto de Estudios Socioeconómicos (Inesc), advirtió que “si no hay un aumento real del valor destinado a la salud, el resultado será una aplicación por cápita cada vez menor”. Para Marcos Mendlovitz –consultor de la Cámara de Diputados- lo mismo pasaría en el sistema educativo: mantener los montos de 2016 con simples correcciones monetarias impediría aumentar la matrícula escolar, construir nuevas escuelas o contratar más profesionales, al punto de comprometer todas las metas del Plan Nacional de Educación (PNE).

La PEC 241 de “techo a los gastos” es profundamente antipopular. Hasta los aliados de Temer la resistieron. La noche previa a la primera ronda de votación, debió ofrecer una cena para trescientas personas en el Palácio da Alvorada. Economistas, empresarios y el mismísimo presidente de la Federación de Industrias de San Pablo (FIESP), desfilaron frente a los diputados para explicarles por qué debían aprobar la enmienda. El texto de la propuesta llega a ofrendar al parlamento la facultad de fijar las prioridades presupuestarias, algo que además de ilógico, es impracticable: “Se trata, también, de una medida democrática (…). Una vez aprobada la nueva regla, cabrá a la sociedad, por medio de sus representantes en el parlamento, asignar los recursos entre los diversos programas públicos, respetando el techo de gastos”. O sea, el Presidente trabajaría de sentarse en un sillón y pagar deudas a los acreedores, porque para esos gastos no hay techo.

Vale la pena insistir en pensar Brasil. Persistir en el esfuerzo de entender Brasil, como si un país pudiera entenderse. Está claro que Brasil no es sólo un país. Brasil es la mitad de Sudamérica: de su población, de su territorio, de sus recursos

Veinte años en América Latina superan cualquier previsión sensata, y la Constitución puede volver a enmendarse. El mismo Meirelles, en el texto de la propuesta, reconoce que no hay norma que pueda blindar las conductas fiscales. Entonces, ¿cuál es el apuro por aprobarla antes de fin de año? Una enmienda constitucional supone rondas de discusión y votación que fueron comprimidas al máximo, y Temer ya anunció que habrá sesiones extraordinarias si hacen falta. El empeño en promulgar una norma que pretende condicionar a los próximos cinco gobiernos podría encontrar su clave, precisamente, en el verbo pretender. Dice la RAE: del latín praetendĕre: ‘poner como excusa’.

Cada vez más, el gobierno de Temer aparece como una transición para la vuelta del PSDB. En las elecciones municipales del 3 de octubre, João Doria (PSDB) ganó en primera vuelta la alcaldía de San Pablo, y catapultó al gobernador Geraldo Alckmin a la categoría de presidenciable. Quedó fortalecido dentro de la interna, frente a otras vertientes tucanas como las que pueden representar Aécio Neves o Fernando Henrique Cardoso. Para el politólogo Amílcar Salas Oroño, el partido de Temer no tiene entidad para gobernar Brasil. En cambio, el proyecto del PSDB –que es consistente, “duro y regresivo en términos de organización social”- ya pareciera estar en marcha. Tanto José Serra –que lideró la avanzada para entregar la exploración del presal a empresas multinacionales-, como Meirelles –el ideólogo de la PEC 241-, son hombres del PSDB.

La PEC 241, que juega a limitar las facultades del Presidente e impedir el aumento de los gastos independientemente de su voluntad, es el sueño de cualquier político que quiera cortar de cuajo los procesos de inclusión social iniciados por el PT. La enmienda constitucional del pemedebista Michel Temer será la excusa perfecta para que el próximo gobierno lo haga alegando estricto respeto a las instituciones.

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Lola Melendi

Licenciada en Ciencia Política (UBA). Investigadora del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (IEALC-UBA) // Twitter: @Lolangarros