Claudia Neira: “Comodoro Py, de eso no se habla”

Todos, sin excepción, lo saben: los políticos (de ambos lados de la “grieta”), el empresariado, el sindicalismo, el periodismo y gran parte de la ciudadanía. Todos ellos saben bien de qué se trata cuando se habla de la justicia federal; que tiene su comando central en el tristemente célebre edificio de la Avenida Comodoro Py.

Todos saben bien lo que fue “la cadena de la felicidad”, que en los noventa dotó a los magistrados de un sueldo adicional abonado clandestinamente por la SIDE, para asegurar la obediencia debida. Todos saben también que unos cuantos de dichos esclarecidos juristas cobraban otro plus equivalente pagado –créase o no– por la DEA. Esta agencia, además, solía gestar, como también lo hacía la SIDE, grandes operaciones antidrogas que servían tanto para publicitar la eficiencia de la lucha contra el narcotráfico como para ingresar copiosas sumas a las cajas negras de ambas agencias y de los propios jueces. Muchos memoriosos todavía recuerdan como uno de los más grandes operativos de narcotráfico de nuestra historia culminó con la partida de un juez federal y dos altos funcionarios policiales en un helicóptero, en el cual se llevaban alegremente una tonelada de las casi tres de cocaína que habían sido secuestradas en el operativo.

Todos saben cuáles eran los nombres que figuraban en la famosa “servilleta de Corach” y lo que representaban dichos nombres, muchos de los cuales mantienen todavía plena vigencia.

Todos saben que las categorías mentales que rigen el accionar de Comodoro Py son aquellas de la política y el poder. Sin embargo, se elige no ver hasta que el olfato inequívoco de los jueces federales descubre que llegó el tiempo de aplicar “justicia”. Y ahí ya es demasiado tarde.

Mientras tanto, se rifan los más elementales principios del derecho penal, se intenta consagrar una jurisprudencia que vuela por el aire, ya no el Estado de Derecho, sino la posibilidad que los argentinos salgamos a la calle a la mañana con la tranquilidad de que existen algunas condiciones razonables para privarnos de nuestra libertad, sin que se levanten muchas voces para advertirlo. Para advertir que, por sobre cualquier valoración que se tenga sobre Boudou, el kirchnerismo, o el mismo Mauricio Macri, está nuestro sistema democrático y nuestras instituciones.

El poder no es eterno. Todos lo saben o deberían saberlo. Al menos el de los Gobiernos. El de Comodoro Py tiene otros tiempos, sus tiempos.

Todos lo saben. Todos saben todo. Pero todos también saben que de esto, como de tantos otros temas, no se habla.

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