El neoliberalismo golpea la democracia brasileña, la integración soberana y la multipolaridad

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Una batalla que no es sólo brasilera.

Brasil, una de las 10 economías más grandes del mundo, miembro de los BRICS y activo actor político de la multipolaridad a partir de los gobiernos del PT, no ha quedado al margen de la reintroducción de los conflictos geopolíticos mundiales en el continente, en esta nueva etapa de la reconfiguración de las relaciones económicas y políticas internacionales.

Como antes Honduras y Paraguay; luego Venezuela, Argentina, Bolivia y Ecuador; hoy Brasil ha sido víctima del recrudecimiento de las acciones desestabilizadoras contra los gobiernos no alineados con la estrategia de EE.UU por un lado y las corporaciones financieras globales por otro.

La derecha económica y política ha concretado la destitución de la presidenta Dilma Roussef. El trípode conformado por los medios masivos de comunicación (cuyo 90% se encuentran en manos de 7 familias), el senado (donde casi la mitad de sus miembros están acusados de corrupción) y la justicia (reserva institucional de la derecha más rancia) han sido los instrumentos de este verdadero golpe institucional que deshace con 61 votos lo afirmado en las urnas por más de 54 millones de brasileros en 2014.

La ilegitimidad de lo pretendidamente legal

Luego de que en 2015, muchos de los hoy acusadores de la presidenta fueran alcanzados por las implicancias de corrupción y lavado del caso Lava Jato, Dilma quedaba libre de sospechas. El PMDB, socio del PT en el gobierno fue, luego de la acusación de corrupción de sus principales dirigentes, uno de los arietes principales de la desestabilización institucional. En diciembre, el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha (PMDB), autorizó la apertura de la solicitud de juicio político.

La excusa fue una presunta manipulación del déficit fiscal de 2014. El caso se fundamenta en una resolución del Tribunal de Cuentas brasileño, que no aprobó el presupuesto que el Ejecutivo presentó para ese ejercicio.

Rousseff fue acusada de emitir decretos que alteraron el presupuesto a espaldas del Congreso y de tomar préstamos de la banca pública para el gobierno también sin autorización parlamentaria, con la presunta intención de esconder el déficit de los últimos años y asegurarse la reelección en 2014. Si esto fuera cierto, todos los gobiernos anteriores debieron haber sido condenados por haber utilizado la misma herramienta de ordenamiento económico.

El editorial del diario español El País del día de la destitución lo expresa de esta forma: “Al ser imposible encontrar ninguna prueba de implicación en el escándalo Lava Jato, una red de corrupción generalizada en la que están implicados destacados miembros de partidos que ayer votaron contra ella, los legisladores han recurrido a un motivo, la desviación en el presupuesto, que aunque previsto en la Constitución carece de suficiente entidad política para justificar la destitución de Rousseff y el trauma y división al que se aboca al país.

Que Rouseff haya sido depuesta pero no inhabilitada para ocupar cargos públicos, demuestra que el Congreso brasileño ha aplicado las normas sobre destitución con objetivos bien distintos a los que la norma perseguía. Estamos ante un fraude de ley que arroja una grave sombra sobre el futuro inmediato de Brasil, más necesitado de unidad ante la crisis económica y política que de divisiones irreconciliables”.

Michel Temer (también del PMDB) vicepresidente de Dilma que tiempo atrás había declarado: “El impeachment de la presidenta Dilma Rousseff es impensable y generaría una crisis institucional. No tiene ninguna base política ni jurídica”, se sumó a la maniobra golpista que hoy termina con su ilegítima presidencia hasta el 2018.

Los riesgos de la “responsabilidad económica”

La crisis económica internacional y la decisión de la Reserva Federal de dar señales de “seguridad” al capital en medio de la tormenta, generaron la reversión del flujo de inversiones, la baja del precio de las commodities, el enfriamiento del comercio mundial y el recrudecimiento de la crisis en los países emergentes: así, la economía Brasilera cayó 3,8% en 2015 y se proyecta que caerá 3,5% este año.

En ese contexto el gobierno de Dilma, acudió a recetas de austeridad económica. Así, golpeada su alianza parlamentaria por la crisis de legitimidad y por las denuncias de corrupción, con la rabiosa oposición de una derecha mediática, judicial y política, con un relativo enfriamiento de la relación con los movimientos sociales y sindicales por las políticas de ajuste y con el capital internacional decidido a sacar tajada de la debilidad y la crisis; el gobierno de Dilma entró a la zona de definición debilitado.  El cerco se completó con una avanzada judicial sobre Lula para intentar golpear al PT como alternativa política en el futuro inmediato.

El poder concentrado no persigue al PT por sus errores, ni le brindó tregua alguna por algunas medidas que se acercan a sus posturas: atacaron sin reservas sus gobiernos por su decisión de luchar efectivamente contra la pobreza y por la igualdad; por su rol en una integración multipolar que enfrenta, por su sola existencia, la opresión del unilateralismo neoliberal.

En ese camino, sin renegar de la necesidad de generar mayorías, la esperanza está en la reactivación de un núcleo propio, no ya espectador de políticas públicas populares, sino sujeto político activo y protagónico en las confrontaciones por la distribución de la riqueza.

La reacción latinoamericana, la posición argentina

Ecuador, Cuba, Venezuela y Bolivia no tardaron en mostrar su preocupación por la continuidad democrática de la voluntad popular y su apoyo a Dilma; actitud que tristemente contrasta con el posicionamiento del gobierno de Maurici Macri, el cual quiere ni ver, ni oír, ni hablar de la gravedad de lo ocurrido, limitándose a asegurar que todo fue en el marco de las instituciones y que continuará normalmente las relaciones con Temer. Todo una reversión de la política exterior argentina de los últimos años.

El mar de la historia es agitado. Las amenazas y las guerras tenemos que atravesarlas

Estas palabras de Dilma luego de su destitución marcan el tono de lo que vendrá en Brasil. La gravedad institucional generada por esta farsa palaciega aun no puede ser mensurada.

Temer, que gobernará enfrentando al PT, los movimientos sociales y la poderosa CUT, ha prometido profundizar las medidas de austeridad para “sanear la economía”: en agenda están reformas laborales y al sistema de jubilaciones que encontrarán una fuerte resistencia.

También seguramente buscará activar una política exterior condicionada a los intereses de EE.UU y las corporaciones financieras transnacionales, lo cual puede activar alarmas en sectores de los fuertes actores económicos brasileros.

Por otra parte, las investigaciones contra algunos de sus actos y muchos de sus aliados están vigentes y pesan como una espada de Damocles sobre su escasa gobernabilidad en medio de una crisis económica que no cede.

Como en Argentina, el movimiento popular brasileño ha perdido el gobierno. Como en Argentina, Bolivia, Venezuela y Ecuador sus líderes son atacados y perseguidos, como en toda Nuestra América vivimos la readecuación de los planes de intervención de la mayor potencia en nuestros asuntos. Como en toda nuestra historia, después de más de una década de realizaciones y transformaciones, el pueblo tendrá la última palabra.

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Daniel Ezcurra

Docente y militante del FpV // Twitter: @ezcurrad