La política tarifaria del SUBTE y el inexorable efecto sustitución

Por Federico Conditi.

El día lunes entró en vigencia un nuevo aumento del boleto del subte y resulta importante analizar algunas cuestiones. En economía se conoce como efecto sustitución al efecto que produce la variación del precio de un bien sobre la cantidad demandada. Suponiendo que el ingreso permanece constante, si el bien se encarece, el efecto sustitución producirá una caída en su consumo, sustituyéndose el mismo por otro bien con el cual se lo compara.

En la ciudad de Buenos Aires el subte representa una opción de transporte dentro de un abanico de posibilidades entre las que se encuentran el transporte público automotor, el automóvil particular, la bicicleta o bien la posibilidad de caminar hasta el destino, por dar algunos ejemplos. Entonces, una variación del precio necesariamente traerá aparejadas consecuencias en la decisión del usuario, lo cual sumado al efecto que posee sobre su ingreso (producto de la modificación de los precios relativos), determinará el impacto total sobre la demanda. Dicho de un modo más sencillo, si el subte se encarece respecto a otro modo equivalente, la gente termina migrando hacia otra opción. A su vez, si el precio aumenta y el sueldo no se actualiza, la cantidad total de viajes que podrán realizarse disminuirá. A esto llamamos “externalidad negativa”.

¿Por qué es necesario remarcar el punto anterior? Porque por más básico que parezca, es un fenómeno que pareciera pasar inadvertido para el ejecutivo porteño. En efecto, producto de le errada política de aumentos tarifarios desde que la Ciudad se hizo cargo de la red en 2012, el subte perdió pasajeros: transportó en 2014 menos gente que en 1998, y se lo compara con los años 1999, 2000, 2006, 2007, 2008, 2009, 2010, 2011 e inclusive 2013, el saldo resulta negativo. Hecho insólito si los hay, ya que en 1998 el servicio contaba con 18 estaciones menos. A la fecha, aún transporta un 3 % menos de pasajeros que en el año 2011.

La justificación detrás de los aumentos en la tarifa del subte, que acumulan un 582% respecto al año 2011 (extraña forma de combatir la inflación), son las obras de inversión que permitirán mejorar la calidad del servicio y, por consiguiente, mejorar la experiencia del usuario. De este modo, pese a que su costo es mayor al de otros medios, los usuarios optarían por el subte ya que los beneficios totales serían superiores tanto en tiempo como en confort. Sin embargo, si se analiza la relación entre ingresos e inversión para los años 2014 y 2015 y se compara su resultado para igual período del año anterior, se observa una desconexión total entre ambas variables. De tal forma que incluso produciéndose una mejora sustancial en los ingresos percibidos por Metrovías S.A, lo que se traduce en una menor cuota de subsidios por parte del Estado, en el año 2014 se asignó una menor cantidad de partidas en materia de inversión en comparación al año 2013. Por su parte, en el ejercicio del año 2015 también se observó una caída sustancial de la inversión.

El subte es el medio de transporte más veloz, eficiente, seguro y sustentable con el medio ambiente, y debido a su alta capacidad de transporte representa la estructura vertebral del sistema de transporte de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Dado los altos costos que requieren las obras de infraestructura, ninguna empresa de transporte del mundo suele cargarlas en su totalidad sobre el valor del pasaje al usuario. El motivo es sencillo, si las tarifas son muy elevadas nadie estará dispuesto a pagarlas. El caso del año 2012 da cuenta de ello, debido al incremento de tarifas los pasajeros totales se redujeron en más de un 20%. Las tarifas deben ubicarse en un punto tal que permita el mayor bienestar social, es decir al punto en el cual se maximiza la capacidad de carga, correspondiendo al Estado realizar las inversiones necesarias para mejorar el confort y operación del servicio.

La movilidad sustentable debe garantizar que el sistema de transporte responda a las necesidades económicas, sociales y ambientales de la Ciudad, reduciendo al mínimo las externalidades negativas. Para ello será necesario que el subte ocupe su lugar como la columna vertebral del transporte porteño, al igual que ocurre en las principales ciudades de los países desarrollados. Es por ello que resulta imprescindible invertir en obras de modernización, ampliación y construcción de nuevas líneas capaces de mejorar los tráficos de la red y, consecuentemente, su resultado operativo. Caso contrario, año tras año verificaremos un subte descapitalizado y con menor cantidad de pasajeros, cuando en verdad debería ocurrir todo lo contrario.

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