Los derechos se defienden en la calle

El primer año de gestión del gobierno de Macri finaliza con una Ley de Emergencia Social, gestada a partir de la unidad en la calle, en la multiplicidad de manifestaciones que tuvieron lugar durante 2016 y que evidenciaron el deterioro y retroceso que en numerosos sectores de nuestro pueblo produjo el cambio de rumbo económico, político y social de Cambiemos. Todas estas manifestaciones fueron pertinentes y necesarias. Muchas de ellas han logrado éxitos relativos, parciales o circunscriptos a un sector, como fue la movilización del 18 de noviembre pasado, a partir de la cual se alcanzó un acuerdo con el Ejecutivo y con todos los bloques del Congreso para la Declaración de la Emergencia Social por tres años. Gracias a esta lucha, además, se han alcanzado avances significativos para los trabajadores  de la economía popular como es la creación del salario social complementario y del Consejo de la Economía Popular.

Estos logros, sin embargo, son conquistas relativas e insuficientes en el marco de una política de saqueo de nuestra Patria que se profundiza día a día; desde el 10 de diciembre de 2015 existe en la Argentina un gobierno de ricos que gobierna para los ricos. Desde ese punto toda movilización sectorial se inscribe en un marco de defensiva y de resistencia que no la invalida sino que, por el contrario, la vuelve necesaria para no seguir retrocediendo aún más.

En el caso de la Ciudad de Buenos Aires, “el cambio” gobierna desde hace casi una década, construyendo una ciudad cada vez más injusta y más exclusiva, que tiene casi medio millón de personas sin acceso a una vivienda digna. Por ello necesitamos que esta ley de Emergencia Social tenga efectivo correlato en el distrito, con una declaración legislativa que obligue al Estado de la Ciudad a hacerse cargo de las necesidades básicas que no están satisfechas para una parte importante de los porteños, que hoy se vuelcan a comedores y merenderos para lograr llegar a fin de mes.

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En todo caso, entendemos que las movilizaciones permiten oxigenar al campo nacional y popular mientras va rearticulando, preparando y ensayando la salida política a partir de construir un modelo alternativo. Podemos debatir acerca de cómo se va configurando esa alternativa (en principio, seguramente, sintetizando mucho de los reclamos que expresa la calle) pero nunca podemos negar la necesidad de la pelea reivindicativa, de la lucha táctica, de negar las conquistas parciales viendo en eso actos de traición.

El desafío de la militancia popular, en cada distrito, está en trabajar en estos dos tiempos: el de organizar la resistencia para frenar el ajuste, lo cual requiere de amplios niveles de unidad (saliendo de la contradicción macrismo-kirchnerismo que achica el marco de la pelea y trabajando sobre la contradicción macrismo-oposición) y de reclamos genuinos para que sea efectivo. Y junto a ello, enfrentar un desafío mayor que es el de poder expresar eso políticamente y lograr sintetizarlo. Para volver, y para ser aún mejores.

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Sebastián Demiryi

Profesor de Historia (UBA). Secretario Político Movimiento Evita de la Ciudad de Buenos Aires // Twitter: @sebademiryi