Preámbulo de la Cumbre de las Américas en Panamá

En este orden de ideas, la situación EEUU-Cuba marcará la pauta, como también la situación EEUU-Venezuela, como pivotes políticos de cara a este evento que subrayará un nuevo intento por parte de EEUU de recuperar su antiguo patio trasero parcialmente perdido.

Hay situaciones inéditas de cara a esta Cumbre. Las placas tectónicas de la política regional se moverán y seguirá reeditándose el mapa político en el continente para devenir en una síntesis de nuevo tipo. La América no es la misma de la primera Cumbre. Años atrás, el presidente estadounidense solía ser la vedette de estos eventos. Hoy Obama es una especie de invitado incómodo, al que esperan en la fiesta para increparlo.

La Cumbre de las Américas

Este foro político surgió en años en que el Consenso de Washington (que no fue un consenso) se configuraba para darle forma al modelo neoliberal, en una región casi absolutamente subordinada a EEUU. Eran tiempos de unas claras relaciones “centro-periferia” que se signaron alrededor de la Guerra Fría, en el estertor de sus últimos días.

En Miami en 1994, donde tuvo lugar la primera Cumbre, de cara a la debacle a que se aproximaba la URSS y de cara al Nuevo Orden Mundial unipolar que Reagan y Bush (padre) pregonaron, los gobiernos de América Latina y el Caribe acudieron (con la sola excepción de Cuba) a la consolidación de esta instancia política, que era, básicamente, una reunión del colonizador y sus colonizados. Reunión de dictámenes, en el que el Gobierno gringo decretaba abiertamente los paradigmas de desarrollo regional mientras los presidentes lacayos asentaban con la cabeza.

Desde aquella Alianza para el Progreso de los años de 1960, que prefiguraba la consolidación de “economías mineras” serviles al modelo industrial y desarrollista estadounidense, al “consenso” neoliberal de la década de 1990 previo al ALCA, las discusiones en las Cumbres de las Américas han cambiado de tono de manera progresiva, conforme a las situaciones que han tenido lugar en los mapas políticos.

El cambio medular, sustancial, en el marco de las Cumbres de las Américas se consumó en Mar de Plata, Argentina, en 2005, donde un Chávez que apareció en la Cumbre y en la contracumbre enterró el Alca en las narices de Bush (hijo), de la mano de Luis Inácio Lula da Silva y Néstor Kirchner. La rebelión del “patio trasero” había comenzado. Ese hito, y el de una Cuba disidente al Sistema Interamericano, y en consecuencia excluida del mismo, marcaron la pauta de lo que habría de venir. Desde esos días se les arruinó la velada a los presidentes estadounidenses, quienes pese a los trajes y la champaña se quedaron con los platos fríos en la mesa.

Obama aparecería en Trinidad y Tobago en la Cumbre de 2009 para estrechar la mano de Chávez y para intentar recuperar terreno perdido. Pero más bien, la debacle geopolítica sobrevino para EEUU en América Latina y el Caribe luego de 2009. Antes de que Obama estrechara la mano de Chávez, sólo existía el ALBA, la Unasur se prefiguraba y un incipiente Petrocaribe empezaba a tomar forma. En 2011 la Unasur consolidaría su estatuto jurídico y en diciembre del mismo año ocurriría la Cumbre fundacional de la Celac, en Caracas, reuniendo a 33 países del continente (incluida Cuba) y exceptuando a EEUU y Canadá.

Aquel añorado “patio trasero”

EEUU asiste a una más lejana Latinoamérica, donde nuevos procesos políticos consolidados han dado paso a nuevas formas de interrelacionamiento regional y continental.

América Latina y el Caribe tienen ahora sólidas relaciones económicas con China, y algunos países tienen asociaciones militares consolidadas con Rusia. Nicaragua construirá un nuevo canal interoceánico con China, la Celac+China adquiere cuerpo, mientras Mercosur asume su intención de relacionarse con la recientemente creada Unión Euroasiática. El yuan es una moneda de intercambio que fluye en las venas económicas de algunos países de nuestra región.

Los BRICS con su nuevo banco serán fuente de financiamiento a nuestros países y tendrán acceso a las materias primas de la región para alimentar sus vitalizadas economías. Sudamérica camina acompasada al cambio hegemónico global, de la mano del florecimiento de nuevos centros de poder y nuevas instancias de prefiguración del comercio global.

EEUU consolidó una tajada del ALCA, por medio de los TLC que ha firmado con algunos países de la región, consolidando para sí economías como la del Perú y Colombia. Entendiendo también que su TLC con Brasil sirvió de marco de oportunidades para el gigante del sur que le ha proyectado como una potencia media regional que juega a las nuevas hegemonías industrializadas.

Venezuela pasó de ser un actor de tercera en la geopolítica regional para ser un actor de segunda línea. En el continente hay sólo tres países para definir la geopolítica: EEUU, Brasil y Venezuela. Sólo Venezuela reúne a 18 naciones centroamericanas y caribeñas por medio de Petrocaribe.

Miembros plenos de Mercosur, fundadores de Unasur, del ALBA y padres de la Celac, Venezuela juega rudo en la geopolítica petrolera, en la diplomacia de la solidaridad y en el bolivarianismo como alternativa ideológica. Tal propuesta política transformadora se replicó en Ecuador, Bolivia y Honduras (antes del golpe a Zelaya). Los lazos argentino-venezolanos, así como los uruguayo-venezolanos son más sólidos que nunca, en una Venezuela que dejó atrás el Pacto Andino para abrirse a una geopolítica regional dinámica.

Relacionada con China, en palabras de Xi Jingpin, “de manera estratégica” con Rusia, Irán, Belarús, India, con miembros de la OPEP y hasta con países de la vieja Europa como Portugal, Venezuela ha desarrollado una agresivísima agenda internacional que superó el estancamiento de la vieja política exterior venezolana que sólo miraba a EEUU y a Colombia. Venezuela, madre de la unión Sur-Sur con África (iniciativa que debe relanzarse), es un actor decisivo en la geopolítica del continente y es ahora, como nunca antes lo fue, una piedra en el zapato de cualquier proyecto hegemónico interamericano que pretenda reeditarse y relanzarse en el marco de estas cumbres.

La Alianza del Pacífico y la Celac en la mira

EEUU juega a destruir la agenda consolidada durante estos años. La potencia del norte asume que, mientras han estado de viaje y de guerras por el mundo árabe, “los niños de su casa” hicieron una fiesta a sus espaldas en su patio trasero, trayendo invitados de otros continentes, y quieren ahora “corregir el desorden”.

Para los Estados Unidos ha sido ya bastante el coqueteo nuestro con China, Rusia y los BRICS. Para eso han creado la Alianza del Pacífico, que en lugar de ser exclusivamente un bloque comercial subregional, es en esencia un foro político neoliberal (un ALBA del capitalismo latinoamericano), un cluster de economías liberales sometidas y serviles a la hegemonía gringa.

La Alianza del Pacífico ha sido la respuesta a la Unasur, al Alba y la Celac. Integrada por Colombia, México, Chile y Perú, son la nota disonante en el concierto de naciones durante estos últimos años. EEUU ha enfatizado mucho en la necesidad de vitalizar estas áreas de influencia con los fines de seguir consolidando el modelo interregional desarrollista norteamericano con el mismo país norteamericano como epicentro, para consolidar protectorados económicos que inhiban la entrada con fuerza de las potencias emergentes en vastas áreas de recursos naturales.

El modelo de la Alianza del Pacífico es, en esencia, el portaviones generador de vínculos y condicionantes que inhibirán a los países que lo integran a aventurarse más todavía en la agenda Celac.

EEUU no necesita la destrucción declarada de la Celac. Más bien necesita su desvitalización, su ineficacia política, su inefectividad programática y su inconsecuencia en el hecho económico y social en su área de influencia. Colocar en coma a la Celac para sostener y legitimar a la OEA: ese es el objetivo estadounidense. Juegan a las presiones y chantajes en la sombra, juegan a la extorsión económica y a la intimidación militar. Emplean el verbo colonial en la “diplomacia” que dicen hacer.

Venezuela y Cuba

EEUU preparó el terreno con miras a Panamá. Obama mandó a hacer el traje con meses de antelación y se cuidó de no perder la figura para el día del evento. Fue así como anunció el relanzamiento de las relaciones con Cuba, declarando la inefectividad del embargo y soltando a los cinco héroes cubanos. Obama quiere lucir su traje nuevo con el beneplácito y aplauso de las naciones latinoamericanas y del Caribe. Pero ha cruzado el umbral de afrentas hacia Venezuela. Declara a la patria de Bolívar y de Chávez una “amenaza inusual y extraordinaria”, cuando lo usual y desgraciadamente ordinario es que EEUU amenace a las naciones del continente y del mundo.

La paradoja se cierne alrededor de la agenda exterior norteamericana para América Latina. Pasar la página con Cuba para actuar de manera abiertamente injerencista y desestabilizadora sobre Venezuela no es una contradicción: son variantes del mismo juego geopolítico. Destruir mediante prácticas diferenciadas a la Revolución Cubana y a la Bolivariana son los objetivos.

La Cumbre en Panamá será un evento de búsqueda de espacios a recuperar y de espacios a consolidar. EEUU irá de choque contra una comunidad de naciones que construyeron un verdadero consenso, de espaldas a Washington. Será una Cumbre de disensos, una situación que probablemente devenga en peores resultados para EEUU, si la agenda alternativa que en nuestros países latinoamericanos ha venido desarrollándose se fortalece.

Lo que será enteramente cierto, es que esta Cumbre dará por aclarado el mapa político regional, marcará con claridad las distancias entre los dos principales grupos del poder político en el continente, confrontando el soberanismo versus el lacayismo. Será un punto de inflexión entre la vieja política norteamericana para este lado del mundo y el nuevo marco de realidades con las que ahora tendrán que lidiar.

Venezuela, y la esperada en estos eventos: Cuba, de la mano de los países del ALBA, ya fijaron postura, y se sabe lo que será la actuación en bloque de estos países en la Cumbre. Ya Unasur ha fijado postura clara y contundente sobre Venezuela previo a la Cumbre. Es cierto que Obama se ha preparado para la “fiesta”, pero también es probable que pase un muy mal rato.

Fuente: Misión Verdad
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