Vidal va por La Matanza. ¿Va por La Matanza?

Por Agustín Cesio

Transcurridos casi diez meses de gobierno cambiemista en Nación y Provincia, resulta cuanto menos redundante, a esta altura del partido, hablar de lo evidente, la reconfiguración del tablero de ajedrez político de la PBA. Sin embargo, un somero análisis de los episodios que se agregaron recientemente permite lograr una dimensión apropiada del asunto.

Lenta pero no imperceptiblemente, casi se puede decir que la balanza viene inclinándose a favor del vidalismo, al menos por lo que resta del año. Aunque para la mandataria y su troupe esto no se trata de “soplar y hacer botellas”: su predominio se da, hoy día, sólo en el plano institucional. En la política pueden proyectar, aunque no deben descuidarse. En el territorio, el baile no es el mismo que en un boliche porteño.

Es descabellado pensar que Vidal y Salvai puedan realizar una lectura de la dupla Althusser-Poulantzas, aunque en este caso sirvan para ilustrar la película en desarrollo: la deriva de la construcción de su poder en suelo bonaerense no recorre una recta ascendente. Es, en todo caso, una espiral que combina movimientos ascendentes y descendentes.

Yendo a los bifes, semanas atrás la gobernadora decidió meter quinta y apoyar un proyecto del massismo (para darle argumentos a aquellos que hablan del tan mentado cogobierno) que limita las reelecciones indefinidas de intendentes, legisladores, concejales y consejeros escolares en la Provincia. Con esta victoria anotada, la asunción de Joaquín de la Torre como ministro (que le quita argumentos a los mismos que hablan del cogobierno), unos días después, auguraba la construcción, a toda marcha, de la pata peronista del PRO. La jura del “gordo” reveló que pretenden eso, aunque no tienen los amarillos tanta nafta.

Es en esta mezcla de victorias claras y pírricas (aparentemente) que se enmarca la iniciativa para dividir el partido de La Matanza. La cantidad inmensa de electores que hay allí es otra verdad de perogrullo. Adjetivar al distrito, algo tan cultural como poco político, es cosa de los que propalan el “goriperonismo” (copyright del politólogo Pablo Touzon). Terminando la catarsis, la idea es, con algunos pocos elementos, tratar de ir al hueso de la cuestión.

En esta mezcla de victorias claras y pírricas del vidalismo se enmarca la iniciativa para dividir La Matanza

Pocos meses atrás, el diputado provincial del GEN Marcelo “Oso” Díaz reflotó la propuesta. Repasémosla: el hombre de Stolbizer busca dividir al partido en cuatro unidades políticas. Hacer de las localidades de San Justo, Ramos Mejía y Villa Luzuriaga, el partido homónimo al actual. De Lomas del Mirador, La Tablada, Aldo Bonzi, Tapiales, Villa Celina, Madero y Ciudad Evita, crear el partido de Los Tapiales. Casanova, Laferrere y Rafael Castillo (donde están las canchas a las que este cronista iba cuando seguía a Tigre, las de Lafe y Almirante), conformarían Gregorio de Laferrere. Por último, la zona más rural (20 de junio, González Catán y Virrey del Pino) pasarían a llamarse Juan Manuel de Rosas (para el éxtasis de más de un nacionalista).

A partir de aquí, se puede decir que el día a día fue cambiante (y su mejor cobertura provino del portal Letra P, en particular de los artículos de Facundo Cottet). La primera piedra la tiró Vidal, quien le dijo a Verónica Magario en la fábrica de Manaos (tras ningunearla dejándola abajo del escenario), que “La Matanza no es de la intendenta ni de ningún político”. La hija de quien fue tesorero de Montoneros recogió el guante y rechazó la partición declarando que “si La Matanza se divide sería inviable económicamente”, al tiempo que calificó al proyecto de Díaz como “una locura”.

El martes Manuel Mosca, vidalista puro que es vice de la Cámara baja bonaerense, se reunió con Díaz y con Rubén Eslaiman (massista, hombre de Graciela Camaño), con el radical Jorge Silvestre, con Marcelo Daletto (diputado que responde a Emilio Monzó) y con los filovidalistas Juan Cocino (formalmente en el GEN) y Ricardo Giaccobe (del Justicialismo Bonaerense). Aunque analizaron (por órdenes de Massa y Vidal) la factibilidad del proyecto, la foto fue más un conteo de porotos para mostrarle al FpV que, en una alegoría al tema de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, este asunto está ahora en sus manos.

Tal vez por eso, Walter Abarca (¿el nuevo jefe del bloque reunificado del PJ-FpV por pedido de Máximo Kirchner?), presentó un proyecto para establecer un reglamento y conformar una comisión bicameral cada vez que se quiera dividir un municipio y crear uno nuevo. Apuestan a no perder (otra vez) con esta división de La Matanza. El neocafierismo, recientemente lanzado, tiene intereses coincidentes: si esto sale, el paso siguiente es la división de Lomas de Zamora. “Es un tema que en la historia de la provincia ha sido parte de la agenda. Ha habido casos exitosos y otros con no tan buenos resultados. Me parece que hoy no es la prioridad para la agenda bonaerense dividir La Matanza” le dijo a Zona Norte Diario Online el intendente de San Martín, Gabriel Katopodis.

Todo venía bien hasta que el presidente de la comisión de Asuntos Municipales de Diputados, el massista Juan Andreotti, pidió informes al Ejecutivo para saber cómo quedarían distribuidos los servicios educativos, sanitarios y de seguridad, de ser efectiva la partición. Casualmente, esto se dio luego de que corran rumores de que, luego de La Matanza y Lomas, el próximo distrito a fragmentarse sería Tigre. Por otro lado, allegados al líder del Frente Renovador aseguran que este no está dispuesto a pagar el costo de crear más distritos como Lezama, que naufraga en un mar de dificultades financieras.

La carta bajo en la manga que tiene el hijo del intendente de San Fernando es que, de no convenirle a su jefe político, no moverá un dedo para hacer correr el expediente que requiere despacho de la comisión que preside. La excusa formal: evitar desigualdades, la paridad (que es un caballito de batalla massista), etc.

Quizás por todo esto Vidal, que viene demostrando tener mucha más muñeca política que el presidente, dio una declaración para bajarle el tono al tema. “Queremos que se abra el debate y se discuta que es lo más conveniente para los vecinos”, dijo. En off, armadores vidalistas se percataron del riesgo que es para ellos crear dos municipios ricos, uno pobre, aunque con potencial recaudatorio (Juan Manuel de Rosas), y otro muy pobre y muy densamente poblado (Gregorio de Laferrere).

La construcción del poder vidalista es una espiral que combina movimientos ascendentes y descendentes

Más arriba se indicaba que la construcción del poder vidalista es una espiral que combina movimientos ascendentes y descendentes. La intuición acerca del momento en que será posible acelerar la espiral que sube será un mérito de la sucesora de Scioli y de su salteño ministro de Gobierno. Pero dado que este es un partido de fútbol en el que juega el equipo propio, el rival y la hinchada (que no alienta para ninguno de los dos), resulta que hay más de una variable a considerar, léase dejar contento al massimo y neutralizar a PJ-FpV.

En el fondo, la cuestión administrativa que es pretexto para dividir este y cualquier otro distrito (de sobrada validez), esconde la oportunidad de accionar políticamente aprovechando la correlación de fuerzas favorable. Al macrismo-vidalismo le conviene debilitar al peronismo embarcado en un proceso de renovación (el cristinismo, que si bien mide ya se devaluó, reconociendo aquellos que no son talibanes oficialistas lo funcional que le resultan los seguidores de la ex presidenta), sobre todo si se tiene en cuenta el nivel de incertidumbre de cara a los comicios del año que viene. A Sergio Massa, también le conviene que este espacio potencialmente competidor a su estrategia se merme. No sólo piensa en 2017 (¿con Malena de candidata?), sino que proyecta de cara a 2019. Bajarle el precio al peronismo lo posiciona en un lugar mejor para colocarlos bajo su ala.

Hasta aquí, hubo una serie de razones por las que resulta atractivo dividir La Matanza, en un plano netamente político. Por falta de conocimiento, se omiten otros factores (como por ejemplo los intereses de Alberto Pierri, dueño de Telecentro, la operadora de cable e internet que monopolizó el gigante). Pero lo central parece ser que la intención de crear cuatro nuevos distritos (que no es gerrymandering) responde a motivaciones bien tradicionales en la política: fragmentar a los opositores. Restará ser espectador de la concreción de dichas aspiraciones. Caso contrario, ¿será la aventura matancera el traslado de la capital a Viedma del PRO?

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Agustín Alejandro Cesio

Periodista // Twitter: @agustincesio

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