“Desintegración y dependencia: Integración latinoamericana en tiempos de Macri”

Por Nicolás Rodríguez Saá:

La integración con los países de nuestra región latinoamericana está pasando por un momento de crisis, generado por el esforzado trabajo que realizan, principalmente, los gobiernos de Macri y del Presidente brasileño Michel Temer por volver a una etapa de regionalismo abierto. El regionalismo abierto fue un formato de integración desplegado en la década del ´90, caracterizado por una aceptación acrítica de los dictados neoliberales del consenso de Washington.

En pocas palabras se trataba de flexibilización laboral, apertura a las importaciones de productos industrializados y liberalización del mercado de capitales para beneficiar a las corporaciones financieras internacionales. Podríamos resumir aquella época como una donde se fomentó el crecimiento de la deuda externa y la fuga de capitales, generando una herida en nuestro sistema productivo, lo cual ocasionó desempleo y elevados índices de pobreza.

Hoy, la integración y la inserción internacional que proponen Macri y su mayordomo canciller Jorge Faurie abreva en aquellos deseos noventistas de ser parte del primer mundo. Ahora le llaman “volver al mundo” o “inserción inteligente.” Lo cierto es que es una participación dependiente frente a un centro global dominante.

Debería saber el Presidente Macri que la integración y la inserción internacional no operan en el vacío ni son conceptos abstractos o neutros, sino que, por lo contrario, están condicionados por una historia y un contexto de factores de poder económico, político, cultural y militar que le dan forma al terreno en el cual se materializa ese juego.

Es por ello que considero totalmente erróneo pensar que las estrategias que tracen países como Argentina deben seguir al pie de la letra las líneas de acción marcadas por lo que los países desarrollados entienden que son la integración y la inserción internacional.

Si bien en algunos aspectos puede haber similitudes entre la agenda de los países desarrollados y la de los países en vías de desarrollo, en muchas otras cuestiones existen diferencias que obligan a pensar y diseñar políticas diferentes.

Tal es el caso de la inserción internacional, respecto a la cual se dicta muchas veces como verdad revelada que la misma conlleva, necesariamente, beneficios estáticos como la

eficiencia productiva, el mejoramiento de la competitividad y la radicación de nuevas inversiones.

También se escucha decir con soltura que la integración y la inserción significan, casi de manera automática, un crecimiento del producto como consecuencia de un mercado cada vez más amplio. Sin embargo, no toda integración o inserción es a priori perjudicial o beneficiosa sino que depende de cómo un país se posicione ante la misma y cuál sea su matriz productiva y modelo de desarrollo. Una apertura indiscriminada puede ser tan o más perjudicial que un proteccionismo rancio.

En otras palabras, el camino de la integración y la inserción internacional puede ser altamente beneficioso para el desarrollo nacional. No obstante debe transitarse buscando que sea un proceso que redunde en un desarrollo económico inclusivo y generador de mayor igualdad social y soberanía política.

No es ese el modelo que está siguiendo Mauricio Macri y sus “pensadores” de la política exterior. Está a la vista que lo que tienen en mente es debilitar institucional y políticamente la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), abandonando este bloque sin ni siquiera hacer el intento por mejorarlo o reestructurarlo. Es también clara la intención de la desintegración al pretender que el Mercosur se vaya transformando poco a poco en una mera zona de libre comercio y que abandone la idea de ser una Unión Aduanera con mayor integración. Lo mismo ocurre con el vaciamiento de la CELAC. Mientras por otro lado, se implora ser parte de la OCDE, una especie de Jockey Club parisino en el cual, si se quiere ser parte, hay que aplicar las políticas neoliberales que sus miembros ricos exigen, pero que ni ellos practican puertas adentro.

El peronismo ha sido siempre un movimiento desde el cual hemos defendido la integración regional, aceptando la condición de periferia y pensando desde allí las relaciones internacionales. Se debe pensar desde la periferia para salir de ella y es necesario trabajar con nuestros hermanos latinoamericanos con una visión nueva para lograr la justicia social, la independencia económica y la soberanía política que tanto anhelamos.

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