Los derechos humanos y las prioridades globales: 1984 más presente que nunca

 

 

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«La Guerra es la Paz
La libertad es Esclavitud
La ignorancia es la fuerza»

Parece mentira que estas tres consignas adheridas a la fachada del Miniver -Ministerio de la verdad- de la novela 1984, escrita por Orwell entre 1947 y 1948, sean algo así como la plataforma de acción de los Estados Nación -si es que aún podemos hablar de los mismos como entidades autónomas- en este mundo tan globalizado.

Y es que no resulta extraño ver cómo las grandes potencias como Gran Bretaña, nos venden seguridad espiándonos, y haciendonos cada vez más esclavos de un sistema de vigilancia para garantizarnos libertad. De esta manera, por ejemplo, tras el atentado a Charlie Hebdo, la GCHQ (Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno) justificó la petición de incrementar la vigilancia sobre la población. Así como David Cameron, primer ministro, propuso eliminar la mensajería instantanea Whatsapp por su «dificiltad de ser controlada».

También está Estados Unidos, que parece el gigante que vela por la integridad de los Derechos Humanos en el mundo, pero que sólo se preocupa por intervenir en Medio Oriente, como si eso fuese a garantizar la paz mundial. Parece que tanto en el Congreso como en la Casa Blanca se olvidan que el uso de la tortura en el territorio de Estados Unidos como en bases militares fuera de su suelo -Guantánamo, Irak, Siria, por decir solo algunos- fue bien documentado y no hay procesados.

Hay un frenesí extemporáneo por llegar a una sociedad perfecta, controlada, donde cada persona tenga internalizadas las reglas de juego y donde cada gobierno mediante los mecanismos de gobernanza territorial local -como puede ser un Estado o Grupos económicos ocales- y de gobernanza global -ya sea la ONU, una ONG o una empresa Trasnacional-, vele por «los intereses de la comunidad», que no son más que intereses de determinados grupos dominantes.

Es cierto sí, que en este contexto complejo de sociedades de información es mucho más fácil circular información y comunicar desde fuentes alternativas, pero también, estamos mucho más expuestos a las visiones hegemónicas y al fanatismo de emitir opinión. Resulta casi un imperativo que todos tengamos formada una opinión de los hechos y que la comuniquemos, y claro, ¿cómo no? Si los hechos se te presentan ahí, transparentes, y es tan obvio ¿no lo ves? Pasó con Charlie Hebdo, y Nous sommes Charlie Hebdo, pasó con Nisman, y Todos somos Nisman.

La estrategia de mostrar información precoz, y poco corroborada, de manera constante y tenaz, nos hace creer que la verdad es una, y es clara y está a la vista y al alcance de todos. La ignorancia entonces, es la fortaleza , el recurso más eficaz y efectivo de las grandes corporaciones.

Y es que es lógico que si laburás, estudias y tenés una familia no tengas tiempo -o ganas, hay que decirlo- de ponerte a buscar y leer de todas las fuentes posibles la información. También hace falta sincerarnos, porque la información es pública, pero no es gratuita. Si no tenemos los recursos para comprar un diario, o acceder a internet, o incluso acceder a la educación para leer y escribir, siempre vamos a consagrarnos en nuestra ignorancia culta de quien repite la verdad de los medios más presentes en nuestras vidas. Miremos sino el caso SIDE, o SI, o AFI, donde están en juego agencias de inteligencia secretas, que procuran darnos seguridad, y frente a las cuales de repente todos sabemos quién forma parte y quién no, y quién mantenía diálogo con la embajada de Estados Unidos o con agentes iraníes. Estamos al horno si creemos que tras los medios de comunicación no hay intereses para inculpar, o tapar, hechos y personas. Como también de marcar agenda que excede nuestras fronteras.

Con este mismo criterio, se nos ponen los pelos de punta -por suerte no a todos- porque hay un ascenso de la izquierda, de una izquierda anticapitalista, antiimperialista, y anticolonialista que desacredita la gobernanza global de los poderes financieros. No sabemos bien por qué, pero en los cafés de París hay conmoción por estos partidos en Europa que pretenden alejarse de la UE y acercarse a las políticas Rusas, y que parece, les preocupan más que el ascenso de una derecha fascista y de la creciente xenofobia.

Así como en Caballito, donde la gente se estresa de pensar en la reunión de la CELAC, o de UNASUR, o Mercosur donde se juntan países del tercer mundo a hacer quién sabe qué cosa mientras nos perdemos la oportunidad de acercarnos al primer mundo.

«Sin embargo, ¡qué energías tan aterradoras había percibido bajo aquella griteria! Y, en total, no eran más que dos o tres centenares de gargantas. ¿Por qué no protestarían así por cada cosa de verdadera importancia?

Escribió: Hasta que no tengan conciencia de su fuerza, no se rebelarán, y hasta después de haberse rebelado, no serán conscientes. Este es el problema»

América Latina, y ahora poco a poco algunos países de Europa, comenzaron a rebelarse, frente a esta lógica que pone por encima la seguridad -un significante vacío que logra con su ambigüedad reunir diferentes grupos e intereses- por sobre los Derechos Humanos tal como indica el 25° informe de 644 páginas de la HRW (Humans Rights Watch).

Por eso, rebelarse es entender que la seguridad no es luchar contra el terrorismo, que la lucha contra el terrorismo es una estrategia de dominación económica y cultural. Que la seguridad no es otra cosa que los Derechos Humanos, hablamos cuanod hablamos de estos, hablamos desde el derecho a una vida digna hasta los derechos de salud y educación.

Este cambio de conciencia que empezamos a andar, empieza cuando un Estado recorta el presupuesto en seguridad militar aumentando el presupuesto en educación, así como evitando los contratos con organismos de financiación que condicionan para invertir regionalmente en salud e infraestructura.

Por eso, para desmantelar la estrategia de la guerra, de la eslavitud y de la ignorancia el cambio empieza por entender que los derechos humanos, no son cosa de humanos derechos que nos garantizan seguridad, bombardeando.

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