Día Americano del Indio en perspectiva histórica y regional

El 19 de abril fue instituido Día Americano del Indio en el Primer Congreso Indigenista Interamericano celebrado en 1940 en Patzcuaro (Michoacán, México) con representantes de 19 países americanos y de distintos pueblos indígenas de la región. Histórico y memorable paso en materia de derechos humanos para nuestra región –previo incluso a la Declaración Universal de Derechos Humanos (1946-1948)– que sirvió de antesala para sucesivas leyes y convenios nacionales e internacionales y que representó un logro de la larga lucha de los pueblos indígenas. Más tarde, en 1984, las organizaciones católicas propusieron extender la conmemoración a toda la semana, del 19 al 25 de abril. A partir de 1992, y en el contexto de los 500 años de la llegada europea al continente, esa fecha se denominó Semana de Pueblos Indígenas y cobró mayor popularidad que el Día Americano del Indio y que aquel significativo acuerdo interamericano que poco se conoce pero que forma parte de nuestra construcción de identidad regional.

Sin quitar valor a la celebración de la Semana de Pueblos Indígenas, la importancia de poner en primer plano el Primer Congreso Indigenista Interamericano es la de pensarnos como región y la de recuperar un debate y consenso políticos que permiten entender la lucha indígena de la mano de los procesos de colonización europea y luego de emancipación en América, y de los procesos de concentración de tierras y poderes económicos en nuestro país. Las campañas evangelizadoras, el genocidio indígena a fines del siglo XIX, la explotación de mano de obra indígena, el proceso de castellanización, la estigmatización racial, y la construcción y reproducción de una ideología y cultura colonizadora fueron funcionales a la concentración de poder y económica de pequeños grupos sociales que en la actualidad siguen batallando contra un modelo de país democrático y equitativo en términos materiales, ideológicos y culturales.

En la Patagonia de nuestro país, la conocida campaña del desierto a fines de mil ochocientos fue financiada por la Sociedad Rural –fundada en 1866, y presidida por primera vez por José Toribio Martínez de Hoz, familia “heredera” de grandes latifundios y partícipes de la última dictadura cívico-militar–. En el norte y para la misma época, se llevó a cabo la campaña del desierto verde en el Gran Chaco acompañada de la explotación de mano de obra indígena en condiciones semiesclavas en los ingenios –Las Palmas (Chaco, 1882), La Esperanza (Jujuy, 1884), Ledesma (Jujuy, 1884), Formosa (Formosa, 1884), entre otros. Más tarde, algunos de estos ingenios tuvieron vinculación directa con la última dictadura cívico-militar. Tal es el caso de Ledesma, cuyos directivos proveyeron a los militares de personal y vehículos para la captura de personas.

Por eso, conmemorar el 19 de abril, es conmemorar una lucha indígena y de la sociedad en su conjunto por la distribución de las tierras, la equidad social y la democracia, es reivindicar la lucha por la reforma agraria que defendía el entonces presidente de México, Lázaro Cárdenas, y los fundamentos de derechos humanos que pronunciaba como bases en el discurso de apertura del Primer Congreso Indigenista Interamericano. Es reivindicar la lucha por una sociedad que se anima al desafío de pensarse desde paradigmas diferentes en vistas a transformar el statu quo. Y es reivindicar la lucha por un cambio conceptual en la idea de Nación y un cambio cultural en el imaginario social –porque los Estados en América se constituyeron bajo la concepción europea que homologaba una nación, una lengua, una cultura, y esa idea homogeneizadora se transmitió generación tras generación.

El discurso de Cárdenas. Bases ideológicas del Congreso Indigenista Interamericano

Hoy resulta espeluznante pensar que todavía en 1940 debía aclararse que los pueblos indígenas no eran “bestias”, sino hombres de derecho, actores sociales y constructores de la historia. Sin embargo, el Congreso Indigenista de 1940, realizado a instancias del entonces presidente mexicano Lázaro Cárdenas (1934-1940), ocho años antes de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, fue de avanzada. Proponía, entre otras medidas, que los Estados americanos asumieran la responsabilidad de garantizar sistemas socioeconómicos que incluyeran a la diversidad poblacional de la región.

En la apertura del Congreso Lázaro Cárdenas pronunció un encendido discurso en favor de las comunidades indígenas, que estaba acorde al proceso transformador que llevaba a cabo en México. Se refirió a la dimensión regional del “problema de las razas nativas”, y alentó el desarrollo de “asambleas representativas de las masas indígenas” quienes, según Cárdenas, debían reclamar “el reconocimiento de su personalidad social”.

Planteó la necesidad del reconocimiento a los indígenas de “derechos de hombre, de ciudadano y de trabajador” y sostuvo que el indígena era un individuo de una “clase social”. De esta forma, puso de relieve el carácter de clase de toda discriminación hacia las comunidades. Pero tal vez el punto más revolucionario de su planteo fue el reclamo de igualdad y de equidad de derechos de propiedad sobre la tierra: “En tanto existan contingentes humanos que desposeídos de las tierras de sus mayores, de sus derechos de hombres y de ciudadanos a los que se siga tratando como bestias o como máquinas, no puede considerarse que la igualdad, y la justicia imperen en América.”

El Primer Congreso Indigenista Interamericano. Historia

Por iniciativa de Lázaro Cárdenas el Primer Congreso Indigenista Interamericano se celebró entre el 14 y el 24 de abril en Patzcuaro (Michoacán, México). La idea había sido acordada en la “Octava Conferencia Internacional Americana”, celebrada en Lima en 1938. El Comité Central Organizador con sede en La Paz, Bolivia, auxiliado por un Comité de Coordinación residente en la ciudad de México habían iniciado las tareas necesarias, pero en vistas del poco tiempo disponible y a solicitud de Cárdenas, el Gobierno de Bolivia accedió a transferir su celebración a uno de los primeros meses del año en curso en México.

Con una amplísima participación, asistieron al Congreso representantes de los pueblos indígenas, la Oficina Internacional del Trabajo y 19 países americanos: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, República Dominicana, Ecuador, Estados Unidos del Norte, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Perú, Salvador, Unión Panamericana y Uruguay.

Como resultado del Congreso, se aprobaron 72 resoluciones en diferentes áreas, orientadas a garantizar los derechos de todos los habitantes del continente y, de ese modo, la igualdad y la inclusión social. En ellas se atendieron aspectos territoriales, lingüísticos, históricos, económicos y culturales, entre muchos otros.

Las nociones de tierra y territorio, y de propiedad individual y colectiva fueron tratadas como aspectos primordiales para el desarrollo de los pueblos. Se acordaron resoluciones para garantizar el reparto de tierras a los indígenas, la protección a la propiedad individual y colectiva considerándola inalieanble, así como también la organización en cooperativas de producción agropecuaria o en sociedades agrícolas con asesoramiento técnico del Estado a fin de incorporarse a la economía general del país.

Se estableció un reconocimiento a la lucha emancipadora de los pueblos indígenas que, por un lado, contribuyeron en gran medida a las independencias de las repúblicas en la región, y por otro lado, contribuyen al crecimiento de las sociedades con propuestas innovadoras para repensar a las Naciones, los sistemas socioeconómicos y el pensamiento latinoamericano.

En vistas a futuro, dos resoluciones fueron clave. Una es la resolución 59 a través de la cual se instituyó el 19 de abril el “Día Americano del Indio” con el propósito de abordar la realidad social que nos caracteriza como continente en las escuelas y universidades a fin de motorizar un cambio cultural que garantice el respeto a la diversidad cultural, lingüística y socioeconómica.

La otra resolución es la 71, a través de la cual se creó el Instituto Indigenista Interamericano que depende de la Organización de los Estados Americanos (OEA). El instituto funcionó a partir de la adhesión de los países. Argentina adhirió en 1945 y firmó en 1947. Desde entonces, Argentina es miembro permanente y adhiere a esta fecha reivindicatoria de los derechos de los aborígenes.

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Verónica Nercesian

Doctora en lingüística por la UBA, investigadora del CONICET y docente de la Facultad de Filosofía y Letras, UBA.

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