Elección polarizada: ¿probabilidad de ballotage?

Una serie de hechos políticos arrojaron un punto de partida cada vez más claro para varios: los comicios serán polarizados entre el FpV y el PRO. La potencialidad de otros sucesos arrojaría el siguiente panorama: el futuro presidente será electo en segunda vuelta.

¿Qué explica el punto de partida? Se ha afirmado en más de una oportunidad el hecho de que Massa fracasó al interpelar a los sectores medios urbanos de la misma manera en que no tuvo éxito en estructurar un proyecto que le garantice gobernabilidad a intendentes y gobernadores. En paralelo, mientras que el FpV mantuvo la centralidad de su proyecto político, su conducción y su estructura, el PRO concatenó una serie de aciertos políticos que amplificaron su marco de alianzas. Esto último determinó que el espacio de Macri se encuentre hegemonizando el frente opositor.

No es objeto de este análisis insistir con estas ideas, sino explorar un aspecto que da como consecuencia lo antedicho: las minorías intensas. Se está en condiciones de afirmar, con total certeza, que el logro y el mantenimiento de ellas guarda directa relación con la ampliación o mantenimiento del frente político, siempre y cuando lo que se este buscando es llevar a cabo la empresa hegemónica.

Así, se observa natural el hecho de que el kirchnerismo, luego de 12 años al frente de la estructura estatal, mantenga consolidada su minoría intensa, la cual abarca a uno de cada cuatro argentinos. Este hecho pone de manifiesto la impracticabilidad de una regresión hacia el período inmediatamente anterior a 2003, a menos que se busque llegar a ese punto pagando cualquier costo político. O sea, el kirchnerismo duro se mantendrá como lo que es hoy día: la primera minoría electoral.

Muchos otros sostienen que este suceso les permite presionar a Daniel Scioli, ya que este último precisaría de este segmento para ser el vencedor de las elecciones. De ser esto así, la candidatura presidencial de Florencio Randazzo no sería otra cosa que un mero instrumento de esta estrategia de negociación y supervivencia. Con lo cual, el cristinismo estaría poniéndole un precio muy elevado a su apoyo al gobernador bonaerense.

De este modo, la minoría intensa del kirchnerismo permite oponerle un consistente contrapeso a la estructura partidaria del justicialismo que se mantuvo detrás de la conducción de la Presidenta. De lo que se trata de lograr es incrementar el caudal electoral para acercarse al 45% de los votos, cifra que a priori los alejaría (aunque se ve esta chance como improbable) de la situación actual de empate técnico con el PRO de Mauricio Macri. Es en esta clave que debe entenderse el no anunciado “operativo retorno” iniciado desde el riñón del kirchnerismo, para traer de vuelta a los desertores del Frente Renovador.

Ya que se menciona el empate técnico entre el FpV y el PRO, es necesario hurgar la razón de los aciertos de esta última fuerza política. Que no es otra que la consolidación de su minoría intensa en un espacio geográfico que al fin pudo cruzar la General Paz. Esto se tradujo en candidatos que si bien no son serios en algunos casos al ser “outsiders” de la política (como Miguel Del Sel), cosecharon un caudal electoral que indujo al resto de la dirigencia política opositora a elaborar acuerdos políticos con Macri para que este no los fagocite.

Carrió, Reutemann y Sanz comparten esta lectura política. Seguramente advirtieron que a mediano plazo, esta minoría permitiría construir algún proyecto alternativo al kirchnerismo que provea de otro tipo distinto de gobernabilidad a las provincias. Cosa que a corto plazo su rival opositor, Sergio Massa, no supo hacer. Es esta, al entendimiento del cronista, la razón de mayor peso a la hora de sopesar la genealogía del incremento electoral del jefe de Gobierno porteño.

El tigrense por su parte, licuó su triunfo de 2013 en la medida en que terminó armando un partido “catch all” (atrapa todo). Este tipo de armado devino en una bomba de tiempo que amenaza en cualquier momento en volar por los aires los votos que el diputado supo conseguir. Las encuestas serias más optimistas lo ubican muy lejos tanto de Scioli como de Macri, con un 15%. ¿Es posible que estas cifras disminuyan aún más?

Cerrando el tema, puede verse que la minoría intensa es condición necesaria, pero no suficiente, de la disputa con chances reales de esta elección presidencial por venir. Puede verse por otro lado lo desacertado del partido “atrapa todo”, que aportó a esta polarización FpV-PRO. Lo llamativo aquí, que se constituye como un interrogante a futuro, es la excesiva confianza que ronda en las huestes del macrismo, sobre todo luego de que el radicalismo decidiera perder con Macri en las PASO para apoyar su candidatura a la presidencia. Off de record, más de un dirigente y operador, insuflados de optimismo, se ven hoy día con total seguridad en un ballotage con el FpV.

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