Confuncio y la salida de la Pandemia. Por Daniel Ezcurra

Cuatrocientos años antes de nuestra era, Confucio ya recomendaba “no intentes apagar con fuego un incendio, ni remediar con agua una inundación”. Verdades de Perogrullo pensaran ustedes. Tal vez. Pero si analizamos algunos lugares comunes de la economía nacional tomados como verdades absolutas, nos llevaremos algunas sorpresas, pues lo que parece obvio, no lo es tanto.

A diario podemos escuchar la idea instalada como un repetido mantra en los medios masivos de comunicación: “El populismo es enemigo de los mercados. Para que lleguen las inversiones es necesario un gobierno que dé señales de libertad y seguridad jurídica y con ellas crecerá el bienestar”. Ese pensamiento liberal ha calado tan profundamente en amplios sectores de nuestra sociedad, que ha llegado a consagrar un gobierno por el voto popular. Inéditamente, el macrismo tuvo el acompañamiento electoral de miles de trabajadores argentinos.

Sin entrar a debatir las causas de ese acompañamiento pues no es el objetivo de estas líneas, hicimos un repaso de las estadísticas oficiales para ver cómo se movieron tres variables fundamentales del exigido “clima de negocios” durante el anterior gobierno que era considerado por propios y extraños como “capital friendly”: La creación de empleo privado registrado, la inversión extranjera directa y la creación de establecimientos productivos. 

Empleo Registrado Privado

Un excelente indicador de la fortaleza de una economía es la cantidad de empleo registrado privado que crea. Comparemos en ese rubro los gobiernos de Cristina Fernández y Mauricio Macri. No hace falta aclarar que él primero fue demonizado como enemigo de la actividad privada y el segundo presentado como amigo del capital atendido por sus propios dueños.

Sorpresa (o no tanto), según datos oficiales del Ministerio de Trabajo, en el cuarto trimestre de 2015 para una población de 43.500.000 habitantes, teníamos 6.577.033 trabajadores asalariados registrados privados. Mientras que en diciembre de 2019, cuando la población había llegado a 44.560.000 personas, el empleo privado registrado bajó a 6.000.600.

Estos números nos dicen que durante el gobierno de Cambiemos no solo el empleo privado registrado no creció, sino que se perdieron más de 500.000 de esos valiosos puestos de trabajo mientras que la población aumentaba en 1 millón de habitantes.

Resulta relevante para poner en contexto la comparación que aportemos los datos del año 2002 cuando el registro mostró 3.341.462 trabajadores. Es decir que durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández (2003 – 2015) casi se duplicó el número de trabajadores privados registrados.

La lluvia de inversiones

En su campaña 2015, Mauricio Macri vaticinó que si alcanzaba la presidencia se produciría una “lluvia de inversiones” que llegaría al país gracias a la remoción del cepo cambiario y el nuevo clima de negocios. En realidad lejos estuvo de concretarse esa promesa electoral: si analizamos la “formación bruta de capital fijo” sobre PBI a precios constantes que mide el INDEC (a- construcciones y otras construcciones b- maquinaria y equipo nacional e importado, c- equipo de transporte nacional e importado y d- formación de capital en otros activos fijos) podemos ver que según un estudio de CEPA reproducido en Ámbito Financiero (24/10/19) “Si se toma el promedio 2011-2015, ronda el 20,2% y en 2015 era de 19,5%. Con relación al período que se inicia en 2016 el promedio fue de 18,5% y en el segundo trimestre de 2019 llegó al 16,5%. Es decir, que con este indicador también se observa una caída de la inversión en términos del PBI”.

Según los datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL-ONU) entre 2003 y 2015 nuestro país fue uno de los tres países de Sudamérica donde más aumentó la Inversión Extranjera Directa (IED). En 2003 era solamente 1.652 Millones de Dólares, y en 2015 fue de 11.655 Millones de Dólares, unas 7 veces superior.

Aun con las dificultades de la crisis del 2008 y la salida de Repsol por la nacionalización de YPF en 2014, el posterior gobierno liberal no dio muestras de una mejor performance a la hora de atraer inversiones productivas.

Las Pyms en la mira

Por último, respecto a la cantidad de empresas, según cifras de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) entre 2015 y 2019 cerraron 24.505 empresas, lo que representó un merma del 4,3%. El sector más afectado fue el de las pequeñas y medianas empresas.

En el sector productor de bienes respecto a diciembre 2015 la disminución fue de 6,2%. Mientras que en el sector servicios la caída fue de 3,6%.

Comparando el fin de 2019 con diciembre de 2015, en la provincia de Buenos Aires se registró la caída de 8.949 firmas, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se perdieron 4.112 empresas y en Santa Fe se verificó una caída de 2.755.

Los datos de AFIP muestran que las empresas con hasta 10 trabajadores explican el 91% del total de los empleadores afectados por la crisis de los últimos años.

Lo que viene

La crisis mundial que la pandemia agudizó, ha traído una fuerte contracción de las principales economías del mundo y de América Latina. Y la nuestra no puede ser una excepción si sumamos las consecuencias de la pandemia político-económica del gobierno anterior a las actuales del covid-19.

Cuando el virus empiece a ser controlado, empezará un profundo debate sobre cuál es el camino para sacar a la economía Argentina de su crítica situación. Y ese debate va a ser profundamente trascendente para nuestra vida en las próximas décadas.

Pensando la salida

Tal vez el covid sea la banda de sonido de la muerte de la globalización liberal tal como la conocíamos. A la parálisis del comercio internacional y el recrudecimiento de conductas defensivas y proteccionistas se le suma una guerra comercial que no cesa. Por otra parte, a contrapelo de las ideas dominantes en las últimas décadas, se ha producido una revalorización de las políticas públicas, los sistemas de salud y la intervención del estado junto a una tendencia a un consumo más circunscripto a la cercanía y a cuestiones elementales y no tanto al seguimiento del umbral de la frontera tecnológica global.

En este contexto es evidente la dificultad para que, en países como el nuestro, los motores de salida de la actual crisis sean el comercio internacional y la inversión externa.

La agenda de salida de la pandemia tendrá que atender estos condicionantes a la hora de pensar un modelo de inserción internacional, las formas de  creación de riqueza social para poner en marcha el entramado productivo nacional, las formas de distribución de la(s) renta(s) y vinculado a esto, que articulación político-económico-social-territorial será necesaria para llegar con empleo, alimentos, salud, energía, vivienda y educación a la mayoría de la población.

Como ya es evidente y ha comenzado a manifestarse, recrudecerá la puja por el control u orientación del gobierno del Estado para disputar el sentido de la salida de la crisis. La sociedad argentina por acción u omisión será protagonista de esa definición.

Intereses poderosos (nacionales y extranjeros) buscarán garantizar la defensa de sus privilegios. Cuentan para ello con una parte de nuestros compatriotas que han hecho suyas las ideas de la meritocracia, el sálvese quien pueda y la naturalización de la desigualdad.

Volverán entonces a aparecer frente a las cámaras los propagandistas de las ideas liberales asegurándonos que “El populismo es enemigo de los mercados. Para que lleguen las inversiones es necesario un gobierno que dé señales de libertad y seguridad jurídica y con ellas crecerá el bienestar”… Pero ahora cuando esos cantos de sirena suenen nuevamente, muchos ya sabremos que en el último gobierno de esa tendencia, a pesar de la ayuda interesada del FMI y las palabras bonitas del capital concentrado; se destruyeron empresas y trabajo privado registrado y que las prometidas inversiones productivas nunca llegaron. Las que sí lo hicieron alimentaron únicamente la impúdica rueda de la especulación financiera donde las deudas son de nosotros y las ganancias son ajenas.

Nuestro país tiene muchas condiciones para articular una respuesta parada en la inclusión, la solidaridad y lo soberano: Calidad humana y recursos naturales, experiencia y memoria productiva, capacidad de innovación.  

Sumarle a estas condiciones análisis del mundo, masa crítica, voluntad política, organización y capacidad de intervención es nuestra tarea. Tomemos en serio las palabras de Confucio para que no volvamos a buscar remediar con agua una inundación.

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