“Cristina Fernández de Kirchner: La llave del 2019”

Por Alejandro Aguero

Dentro de exactamente un año los argentinos iremos a las urnas en lo que serán las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias. Nuevamente, Cambiemos apostará por la política a sabiendas de que la economía no ha mostrado ni mostrará atisbos de crecimiento y que el “segundo semestre” no fue más que un blef que llevó al gobierno a poner en jaque su vínculo con la clase media, ese sector de la sociedad que hizo del experimento porteño del PRO un partido de poder.

Mientras que los números de la economía no son más que un saga de fracasos, la Casa Rosada apuesta a manejar la crisis a partir del acuerdo con el FMI como garantía del respaldo internacional, y llegar así al año electoral en un clima de cierta estabilidad cambiaria, con salarios que puedan acompañar la inflación luego de la reducción que sufrirán en el transcurso del 2018, y con algo de aire para motorizar la obra pública.

No obstante, en el oficialismo volverán a situar a la política como la clave para atravesar el proceso electoral a partir de la polarización con el kirchnerismo y a la espera de la candidatura presidencial de Cristina Fernández como condición necesaria para construir el marco del debate de la campaña.

Otra vez, y al igual que lo fuera en el 2017, el oficialismo intentará hacer de la elección presidencial un plebiscito acerca de los 12 años de gobierno kirchneristas, buscando mantener el mito del cambio como plataforma que permita hacer de la corrupción nuevamente el tema debate.

La ‘operación’ o ‘investigación’ sobre la supuesta trama de corrupción detrás de la obra pública, que contó con la coordinación de la justicia, los medios y la política, dejó en claro que los factores de poder se pondrán al hombro la reelección de Mauricio Macri, toda vez que el denominada peronismo racional no termina de arrancar ni mucho menos de convencer a quienes empezaron a ver el regreso de Cristina como un escenario no tan improbable.

La polarización junto a la judicalización de la política, y porque no el procesamiento y detención de la actual senadora en un acto reflejo que se experimenta por estos días en Brasil, son el recetario de un alicaído gobierno que apuesta a que el kirchnerismo marque la agenda del debate político.

En este orden de cosas, se vuelven más que vigentes las reflexiones que el año pasado emitiera Axel Kicillof antes de conocerse la postulación de Cristina Fernández.

“Al Gobierno le resulta muy funcional que esta elección se discuta en términos de si gana Cristina o pierde Cristina. ¿Este es un plebiscito a Cristina Kirchner en 2017? Estamos plebiscitando a Macri”.

Otra vez la eventual candidatura presidencial de CFK que animan desde Unidad Ciudadana, vuelve a ser tanto el parteagua dentro del panperonismo como el insumo de Durán Barba y Marcos Peña para imaginar el 2019.

Negar el liderazgo en la oposición de la ex presidenta es tan esotérico como pensar en la viabilidad de postulaciones como las de Juan Manuel Urtubey o Sergio Massa.

Si el triunfo de Macri en el 2015 fue producto de las inconsistencias propias del FPV, y el 2017 una consecuencia de la disputa entre el peronismo y el kirchnerismo, las próximas elecciones presidenciales deberían abrir la posibilidad a un entendimiento si es que finalmente existen aspiraciones de recuperar el gobierno.

¿Es Cristina la candidata que puede aglutinar a la oposición? ¿Son las PASO el instrumento de articulación del panperonismo? ¿Hay voluntad de sondear la construcción de una fórmula presidencial de unidad?

Son muchos los que piensan, y con razón, que son varios los gobernadores peronistas que le temen más a la vuelta de la ex presidenta que a la continuidad de Mauricio Macri. No deja de ser cierto también, que los mismos gobernadores fracasaron en su intento de renovación partidaria y que las elecciones 2017 dejaron en claro que la dispersión podría jaquear también su plan de continuidad provincial.

¿Habrá llegado el momento de Sergio Uñac? Un rumor que empezó a tomar temperatura durante las últimas semanas. Pero nuevamente, y como en el 2015, la llave del futuro volverá a estar en las manos de Cristina Fernández.

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