El fenómeno español Podemos, visto desde Argentina

La foto del domingo 24

La España bipartidista, con la derecha en el Partido Popular y la (ex) izquierda en el PSOE, está herida de muerte. Entre ambos sumaron solo 50% de los votos. La fuerte irrupción de Podemos y Ciudadanos favorece el multipartidismo, en un sistema parlamentario que exige mayorías legislativas absolutas para formar gobierno ejecutivo. Eso significa que hoy por hoy, no solo el PP perdió innumerables gobiernos municipales, sino que quien salió primero en cada municipio necesita un socio minoritario para armar gobierno. Requiere formar alianzas.

Si bien fue el partido más votado (26%), el PP perdió 2.4 millones de votos y vio ganar fuerzas opositoras integradas por Podemos en Madrid y Barcelona. El PSOE se mantuvo segunda fuerza con la misma cantidad de votos que en 2011 a un punto (25%) del PP, pero vio surgir competidores de fuste.

En este escenario se reveló correcta la táctica de Podemos de no jugar fuerte yendo solos en estás elecciones municipales, sino integrar alianzas con otros partidos y formar frentes con otros nombres. Ganaron mucho, arriesgando poco.

¿Qué es y cómo nace Podemos?

Podemos es un nuevo partido español, liderado por Pablo Iglesias, que debutó en las elecciones a eurodiputados de 2014, llevándose cinco. Desplazó a Izquierda Unida como tercer partido y tiene el objetivo claro de acabar con el bipartidismo español. El surgimiento de Podemos sólo es explicable desde la coyuntura de crisis económica y política española, muy semejante a la crisis argentina de 2001. Deuda y recetas económicas impuestas; ajuste y 24% de desempleo (50% en las franjas juveniles); fuga de cerebros y algo muy particular: desalojos masivos.

En el plano político, la crisis económica reveló un bipartidismo caduco donde se han desdibujado las diferencias programáticas del Partido Popular (PP, la derecha) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). El renunciamiento a sus valores por parte del PSOE y la cobardía ante Alemania, lo llevó a adoptar posturas comunes con el PP frente a la Unión Europea (como la reforma del artículo 135 de la Constitución para prohibir el déficit fiscal), a impulsar la flexibilidad laboral y el ajuste que mereció tanto al gobierno de Zapatero (PSOE) como al de Rajoy (PP) sendas huelgas generales. El fenómeno social que surge a partir de este empobrecimieto general y orfandad política es el 15M, los indignados que ocupan la Puerta del Sol en Madrid en mayo de 2011. Una suerte de que se vayan todos, que evidencia un vacío político, pero que no logra expresarse en un movimiento propositivo. Sí brinda un sujeto social, las «mareas», los movimientos sociales. Faltaba la herramienta política.

Emerge un grupo de profesores de ciencias sociales, un desprendimiento de la izquierda clásica (IU) que se anima a hacer política, a crear, a desacralizar tradiciones, a romper ortodoxias. Tienen un líder y una estrategia.

La estrategia

Pablo Iglesias, un profesor de ciencia política convencido de que en el siglo XXI a las masas se llega por los medios de comunicación, funda con su grupo el programa La Tuerka. Allí plantea una serie de ejes discursivos, un relato de la crisis y sus causas. Diluye en su discurso el eje izquierda-derecha, funcional a los poderosos que mantienen una izquierda minoritaria y testimonial y obsoleto luego de la traición programática del PSOE que lo indiferencia del PP. Plantea en cambio el eje democracia-oligarquía, donde el 95% de la gente enfrenta a la Casta o clase política, que tan sólo gerencia, ya que es realmente el sistema financiero quien gobierna. La casta no obedece a sus votantes, sino a Alemania que impone los intereses financieros, y de esta manera tanto la democracia como la soberanía son secuestradas.

Su heterodoxia conceptual y discursiva permite a Iglesias re apropiarse de la cuestión nacional, estableciendo el eje periferia-centro al corazón de la Unión Europea. Los PIGS vs Alemania. Convoca a los demócratas y a los patriotas, ya que rechaza esa España para pocos creada por el franquismo (católica, machista, antiobrera y anti minorías sexuales o nacionales vascas y catalanas). Ese discurso le permite interpelar incluso a las fuerzas de seguridad, «que se mueren de ganas de ponerle las esposas a un banquero». O a las fuerzas armadas, ya que Iglesias no quiere bases de la OTAN en España.

La disolución del eje izquierda-derecha también apunta a un discurso de vocación mayoritaria, que plebeyiza y apunta a la gente. Por eso dice que la unidad de la izquierda (la «sopa de letras» que fundiría a todas las agrupaciones) no sólo no sirve, sino que es lo que espera la derecha, ya que los condena a un techo de 20% y expresa la ausencia de vocación de mayorías. Y en política el primer deber es ganar.

Los «santos» de Iglesias son Gramsci y Maquiavelo. De Gramsci Pablo Iglesias toma la crisis como momento oportuno para disputar el sentido común y crear una nueva hegemonía. Traducir el diagnóstico académico desde la jerga marxista al lenguaje callejero del sentido común, tal como hiciera Lenin con Paz y Pan en su momento. Este proceso de desenmascaramiento del adversario, de reemplazo de términos sirve para aislar al enemigo. Su planteo es: «Somos 95% de gente común contra el 5% de los dueños del país, no pedimos revolución, pedimos democracia».

¿Cómo se construyó el liderazgo de Pablo Iglesias?

Allí entra Maquiavelo. La cuestión del poder. La vocación de ganar, de ser mayorías. La aceptación de las contradicciones, de las impurezas de hacer política. Y eso define la táctica: ir por adentro. A la impugnación de la izquierda desde la izquierda (Pablo Iglesias tiene linaje desde sus abuelo republicano fusilado, pasando por su madre abogada laboralista y desembocando hasta en su nombre, que emula al del fundador del PSOE), le sigue la decisión de jugar en la escena mediática. Para ello el «príncipe» Pablo crea su «partido» gramsciano: el programa La Tuerka. A la selección de ejes políticos, «la editorial» que es la línea política, se agregan invitados de la oposición política e ideológica que le permiten ir entrenando en el debate, como polemista en las «tertulias» televisivas. Esa reivindicación del debate, de la polémica leninista, se combina con los medios materiales de una tecnología que permite su difusión desde lo minoritario: las redes sociales (Youtube, Facebook, Twitter). El paso siguiente es ir a territorio enemigo, aceptar las invitaciones de los programas masivos de aire. Desde allí construye un liderazgo mediático, desplegando su carisma. ¿En qué se basa su carisma? En su know how, en el aura de experto que le da ser profesor de ciencia política, de técnico, una suerte de rey filosofo platónico. Su gran capacidad didáctica, entrenada en las aulas pero también en el set de La Tuerka, donde jamás se enoja, ni eleva la voz, ni interrumpe al oponente, logra modos suaves de buen pibe que muchas veces le permite incluso victimizarse ante los ataques de una derecha que por cierto no es suave. Su inteligencia ante acusaciones de chavista, pro ETA, populista y demás, le permite desmarcarse escapando de las ideologizaciones con lo concreto. Contestando «Podemos condena la violencia de ETA» o «a la derecha cuanto peor le va a los españoles con el empleo más le gusta hablar de lugares lejanos como Venezuela». A ese know how y esa didáctica, agrega una facha de tipo común.

Los límites de Podemos

Uno es su débil inserción territorial. Nacidos desde la plataforma mediática, las elecciones pasadas fueron un buen paso en su inserción territorial, sin la cual es imposible la gobernabilidad. Tanto el PP como el PSOE no van a desaparecer de la noche a la mañana.

El liderazgo joven y renovador que significa Pedro Sánchez en el PSOE, que pasó a retiro a viejas guardias dirigenciales, es un durísimo desafío a Podemos. En una entrevista inmediatamente posterior a las elecciones, Iglesias declaró:

  • En relación a una eventual alianza con el PSOE: “Tenemos voluntad de que el PP no gobierne en ninguna comunidad autónoma. Eso quiere decir que estaríamos dispuestos a llegar a acuerdos con el PSOE….si el PSOE está dispuesto a rectificar, nosotros podemos apoyar investiduras. Eso sí, nosotros no vamos a entrar en ningún gobierno del PSOE…Digamos que de alguna manera se ha roto el hielo y ya existe un canal de comunicación directa entre los dos.
  • En relación a la “competencia” que les planteó Ciudadanos: Ciudadanos, que ha tenido un magnífico resultado, quizá las élites se entusiasmaron demasiado y colocaron unas expectativas –tratando de ponerles a nuestra altura– que se han revelado del todo irreales”… cambiar implica asumir que hay que democratizar la economía y que ese es el camino más eficaz para combatir la corrupción… cuando emergió un actor como Ciudadanos, que nos disputaba muy bien la hegemonía en terrenos como la novedad o la regeneración…donde no podemos perder en ningún caso es en el terreno de la justicia social, que es nuestro terreno natural. Hay dos espacios en los que no tenemos rival político: en el terreno de vincular la corrupción a la desigualdad, y por lo tanto defender políticas redistributivas y de justicia social, y en el terreno de entender que los cambios políticos implican hacer lo contrario a lo que ha hecho el PP. Nadie puede competir con nosotros a la hora de confrontar con el PP.

No habrá forma de consolidar Podemos y darle proyección de futuro sin demostrar una experiencia de gestión exitosa. Deberá poner en práctica ese atractivo combo de jóvenes profesionales, expertos técnicos y la vocación democrática de consultar a las asociaciones de la sociedad civil (sindicatos, consumidores, ambientalistas) que aporten el conocimiento sectorial a la hora de elaborar leyes.

La mirada argenta

Los críticos argentinos de Iglesias, en general tuiteros cínicos, profesionales de las ciencias sociales ex militantes a los que les encantaría ser él, se ríen de la sobrevaloración mediática del fenómeno, conscientes de la improbabilidad de que efectivamente Podemos entierre al sistema bipartidario español. Apuestan a un desinflamiento en el tiempo que lo coloque como tercer partido del sistema.

Sin embargo, hay otro modo de evaluar la experiencia de Iglesias, más enriquecedora para la realidad argentina. Tiene que ver con la dimensión conceptual-discursiva y la performance mediática del mismo. Cuando Iglesias habla de la Casta puede recordarse a Yrigoyen impugnando al Régimen. Cuando se introducen términos y conceptos nuevos en el sentido común para entablar la disputa política, e incluso el adversario se ve obligado a hablar en esos términos, puede vislumbrarse el accionar de FORJA. Cuando se utiliza la herramienta de la polémica para disputar sentido y crear estados de opinión se lo puede ver a Jauretche. Y eso es exactamente lo que la juventud kirchnerista no está haciendo. Todo el peso recae en Cristina. No hay iniciativa generacional y mucho menos polemistas dentro de la dirigencia juvenil. El debate televisivo genera pánico y no se adivina a un joven Aníbal o a un mesurado Feletti. Es un déficit gigante de los cuadros dirigentes, que se han quedado en las formas o en el despliegue viral de contenidos. Se adivina una intención (o un pasado) cuando se ve en actos vídeoclips políticos con música de rock nacional (incluso consignas) y se ve una animación del General Perón, imitando su voz en código juvenil. Pero no reemplaza lo anterior y deja gusto a poco. Y es en ese sentido que la experiencia de Pablo Iglesias es útil.

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Santiago Costa

Licenciado en Ciencia Política (UBA). Periodista // Twitter: @san2011costa