Sobre la inviabilidad del CONICET

El domingo pasado, Alejandro Ceccatto -flamante presidente de CONICET- dio una entrevista que el Diario Perfil tituló «El Conicet hoy es inviable, necesita un cambio profundo», aludiendo al presente y futuro de la institución.

En dicha entrevista, Ceccatto sostuvo que la sociedad entendió que la ciencia era fundamental para su desarrollo y para la búsqueda de soluciones a los problemas sociales. El CONICET ha cumplido una tarea imprescindible al respecto, ya que como se menciona es “el principal organismo ejecutor de la ciencia local”. En Argentina, ni las universidades privadas ni el sector privado empresarial invierten en el área científica, conocida como I+D (Investigación y Desarrollo), sólo el Estado lo hace. En esta misma línea, Ceccatto afirma que para que el CONICET siga creciendo es necesario repensarlo ya que en esta situación es inviable, que atribuye al crecimiento de su personal y el desequilibrio entre ciencia básica y aplicada.

Esta posición no es nueva entre las autoridades del CONICET y el MINCyT, más bien lo es el contexto político: es indudable que aún con errores, los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner promovían la consolidación del área de ciencia y tecnología para apoyar la implementación del modelo neodesarrollista. Esta posición es claramente opuesta a la que viene impulsando el gobierno de Cambiemos. En este sentido, aquellas ideas que algunos colectivos de trabajadores y becarios habíamos advertido encuentran un marco de aprobación para desarrollarse. Esas posiciones tampoco son nuevas para los colectivos de trabajadores, sindicatos (UPCN y ATE), organizaciones de becarios (Jóvenes Científicos Precarizados) que vienen planteando problemas de la institución, como la articulación entre becas doctorales e ingreso a la Carrera, áreas de vacancia geográficas, temas prioritarios, cuellos de botellas para el ingreso a Carrera, criterios de evaluación y transferencia.

En esta nota me voy a detener en las dos razones que se atribuyen a la inviabilidad del CONICET: por un lado, el crecimiento de la planta, por otro, la transferencia.

conicet

Respecto del primero, vale aclarar que el CONICET está integrado por cuatro tipos de trabajadores, que cumplen funciones con derechos diferenciados, según lo estipula el Estatuto sancionado por la dictadura de Lanusse el 23 de mayo de 1973:

1) Integrantes de la Carrera de Investigador Científico y Tecnológico (llamados CIC), son doctores que desarrollan tareas de investigación básica y/o aplicada en diferentes instituciones universitarias a lo largo y ancho del país. Su ingreso se produce luego de un largo proceso de evaluación, que debe superar tres instancias de control (Comisión Asesora de Pares, Junta de Calificación Promoción y Directorio); su permanencia es evaluada de modo anual o bianual de acuerdo a las categorías y se realiza según los papers -denominación con la que nos referimos a las publicaciones en revistas científicas- que los investigadores publican. En el kirchnerismo, la Carrera se abrió luego de haberse mantenido cerrada desde el menemato.

2) Los becarios, quienes con carreras de grado obtienen una beca para realizar un proyecto de investigación que concluirá con una tesis doctoral. El otorgamiento de becas también se realiza por un largo proceso de evaluación que sigue las tres etapas mencionadas para los investigadores. Durante el menemato, las becas se daban a cuenta gotas y discrecionalmente a algunos laboratorios de las ciencias duras. Paralelamente a la reapertura de la CIC, se otorgó un crecimiento número de becas. Comparado con Brasil, había una ausencia significativa de doctores en la población que necesitaba ser revertida si es que el modelo neodesarrollista quería tener algún éxito.

3) Los CPA, los integrantes de la Carrera del Personal de Apoyo de la Investigación y Desarrollo, excluyentemente trabajan en laboratorios de las ciencias duras a cargo de equipos y experimentos. Su ingreso también sigue el procedimiento ya comentado para los CIC y los Becarios y la reapertura del ingreso a la Carrera con el kirchnerismo.

4) Los SINEP, personal enrolado en la ley del Convenio Colectivo de Trabajo Sectorial del Sistema Nacional de Empleo Público –los únicos trabajadores que tienen convenio colectivo, los CIC y CPA están regulados por un estatuto–. Realizan tareas administrativas, su incremento fue consecuencia del crecimiento de los planteles del personal científico.

En definitiva, el crecimiento del personal en los cuatro tipos mencionados fue importante para el rejuvenecimiento del plantel de investigadores y la innovación en áreas de investigación.

Alejandro Ceccatto
Alejandro Ceccatto

Volviendo al planteo del artículo, el punto que plantea Ceccato es necesario de ser discutido, es decir: ¿es inviable el CONICET? ¿Con qué criterios medimos su viabilidad? Y por último ¿cuáles son las consecuencias de ese planteo? En principio, creo poco probable que se produzcan despidos en el personal ya contratado -y ojalá no me equivoque-, más bien advierto sobre una reducción de las becas doctorales, el cierre de la CIC y CPA y la profundización del ajuste respecto de los subsidios de investigación.

En relación problema de la transferencia del conocimiento, Ceccatto sostiene que hay que equilibrar la proporción entre ciencia básica y aplicada y promover la diversidad en ciencia aplicada, con desarrollo y transferencia tecnológica. Dos cuestiones sobre este punto. La primera, la falacia entre la diferencia entre ciencia básica y aplicada, es evidente que para aplicar conocimiento, primero hay que producirlo. Es decir, no hay posibilidades de hacer ciencia aplicada sino se produce ciencia básica. Entre ellas no prima una relación de competencia, sino de mutua necesariedad. La segunda cuestión, es que entendemos por transferencia. Desde las autoridades del MINCyT, esta es pensada como la provisión de servicios a empresas y laboratorios privados, mayormente multinacionales. Es decir, lo que se suele llamar transferencia es subsidiar los costos de producción de aquellas. De hecho, en los informes que presentamos los investigadores no se reconoce toda la transferencia que hacemos desde las ciencias sociales, que no está orientada a las empresas sino al Estado -en sus diferentes niveles- y a grupos sociales de las diferentes clases.

No hay posibilidades de hacer ciencia aplicada sino se produce ciencia básica. Entre ellas no prima una relación de competencia, sino de mutua necesariedad. Que el CONICET debe pensar la vinculación con la sociedad que lo financia es una discusión que nos debemos.

Que el CONICET debe pensar la vinculación con la sociedad que lo financia es una discusión que nos debemos. Y hay que decir, que fueron las autoridades de la Institución los que negaron el debate durante estos años que de modos diferentes han planteado los investigadores y becarios. Pero además de esta premisa, hay que tener en claro que es la sociedad argentina la que lo financia y en consecuencia no puede erigirse como sujeto beneficiario excluyente de la transferencia a las empresas privadas. Sino que debe ser la misma sociedad la beneficiada. Y esto implica apoyar desde la producción de genéricos en los laboratorios universitarios hasta el diseño de viviendas populares como la participación en la planificación y gestión de la política pública.

En los inicios del kirchnerismo, se decidió inyectar importantes recursos en el CONICET, eran necesarios para recomponer una institución que había sido sumamente maltratada por la política económica neoconservadora. Todavía estamos muy lejos de los estándares internacionales de inversión, incluso de Brasil. Tanto el desfinanciamiento del personal –en salarios y subsidios de investigación- como el subsidio indirecto a empresas privadas vía transferencia constituyen un gran retroceso. Si así fuera, se perdería todo lo que el CONICET y el desarrollo del área I+D en el país avanzaron durante los años kirchneristas.

Por la importancia de esta discusión, no puede quedar como un acuerdo de cúpulas entre las autoridades del MINCyT, el presidente y Directorio de CONICET; sino que la comunidad científica, los investigadores, becarios y técnicos y sus organizaciones como UPCN, ATE y JCP deben ser convocados para discutir que institución debemos construir para el futuro nacional.

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Ana Natalucci

Doctora en Ciencias Sociales (UBA). Investigadora Adjunta del CONICET y del Instituto de Investigaciones Gino Germani, Universidad de Buenos Aires // Twitter: @ana_natalucci

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