Caprilismo rioplatense: las posibilidades de la nueva alianza

La Convención Radical realizada en Entre Ríos se definió por la postura del senador, Ernesto Sanz, para concretar una alianza con el macrismo de cara a las PASO de octubre. De esta manera, se conforma un frente opositor unido; una especie de caprilismo rioplatense.

En el año 2008, en Venezuela se crea la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que tenía por objetivo la unión de todas las fuerzas opositoras para desplazar al chavismo del poder. Con Capriles a la cabeza, la MUD ha perdido una a una las elecciones contra los bolivarianos.

La estrategia utilizada por Capriles en la elección presidencial del año 2012 se basó en copiar al chavismo, no solo en la vestimenta clásica con los colores de la bandera venezolana, sino también en cuanto a los discursivo y programático. Es así que la MUD prometía no solo continuar algunas políticas sociales del chavismo, sino incluso mejorarlas. A la par de esto, se construía alentado desde los medios un discurso fuertemente antichavista. La intención era, por un lado, erosionar la legitimidad del gobierno de Chávez, y por otro posicionar a Capriles como la ruptura de ciertos “vicios del populismo”, y por otro lado como continuador de la política social que le aportaba la base social al chavismo, y de esa manera captar ese electorado.

El Capriles argentino esta llamado a ser Mauricio Macri, es así que hace tiempo comenzó a cambiar su discurso, pasando del oposicionismo bobo a resaltar algunos logros del kirchnerismo y erigirse, al igual que Capriles, como ruptura y continuidad. Días atrás, el líder del PRO dijo que él se considera peronista, en línea con la “kirchnerización” de cierto sector la oposición que dan cuenta de la imagen positiva que tiene la Presidenta en la población.

En Argentina se disputan dos modelos claros y antagónicos: la continuidad del modelo de desarrollo con inclusión social iniciado en 2003, o el retroceso a la década neoliberal.

La alianza del PRO con la UCR o la construcción del caprilismo rioplatense, tiene sus matices con la MUD: en el caso venezolano la unión de la oposición era total, en cambio, dentro de la coalición del macrismo con los radicales todavía quedan afuera otras figuras de la política argentina. Por otro lado, el nivel de confrontación política, si bien en Argentina es elevado, no llega a los niveles de Venezuela. Y por último, la MUD debió enfrentarse en 2012 contra el creador y líder del movimiento, Hugo Chávez, y luego en 2013 con Nicolás Maduro, quien por herencia se postuló como el nuevo líder. Por el contrario, el ganador de la PASO de la unión opositora no se enfrentará a la conductora del movimiento nacional, Cristina Fernández de Kirchner, sino que probablemente quede entre Florencio Randazzo, más asociado el kirchnerismo duro, y Daniel Scioli, mirado con desconfianza por algunos sectores kirchneristas, pero con más peso dentro del PJ.

Con este panorama, es decir, la posibilidad de unas PASO ampliadas en la oposición que dé por resultado un candidato único –probablemente Macri–, se abre el interrogante: ¿es suficiente la unidad para ganar la elección presidencial? El caso venezolano nos demuestra que no basta juntarse, sino que la elección se define a través de proyectos de país. En ese caso se disputó entre la construcción de un socialismo democrático contra la vuelta de las fuerzas conservadores. En Argentina se disputan dos modelos claros y antagónicos: la continuidad del modelo de desarrollo con inclusión social iniciado en 2003, o el retroceso a la década neoliberal.

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Alberto Rastelli

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