“El después de la crisis: Macri deberá hacer política en tierra arrasada”

Por Alejandro Agüero

 

Al final la economía parece haber encontrado un punto de equilibrio. La renovación del 100% de las Lebacs y el estancamiento del tipo de cambio trajeron la serenidad necesaria que el gobierno venía buscando desde el inicio de la corrida del dólar.

Fueron en total 19 jornadas donde el dólar, la inflación y el FMI coparon la opinión pública erosionando la credibilidad y la confianza del gobierno en general, y del presidente en particular.

No obstante, y más allá de haber sorteado el “supermartes”, lo que vivió Cambiemos fue un verdadero terremoto político. La sociedad, la economía, la oposición y el propio oficialismo sufrieron profundas transformaciones que condicionarán el devenir de los acontecimientos políticos.

Basta con mirar cualquier estudio de opinión pública para encontrar que el rechazo contra la gestión del gobierno supera el 65% y sólo 3 de cada 10 argentinos respaldan a Mauricio Macri. El futuro es leído bajo un lente negativo y hoy la sociedad piensa mayoritariamente que el próximo año será peor que el actual al tiempo que la confianza hacia el presidente terminó por resquebrajarse.

Asimismo, lo que también entró en discusión es el ´equipo´ como instrumento de gobierno y la delegación de poder que el presidente realizó sobre el jefe de gabinete y sus dos secretarios, Gustavo Lopetegui y Mario Quintana.

De fondo, quedó en un terreno brumoso e incierto la capacidad de mando de Mauricio Macri. Es que el presidencialismo argentino exige de liderazgos fuertes para ordenar no solo el sistema político, sino también a los distintos factores de poder que observaron como con el correr de la crisis el primer mandatario cedía autoridad y capacidad de disciplinamiento.

Sin embargo, la tormenta cambiaria entró en un paréntesis, y el gobierno intentará capitalizar el momento para relanzar a Cambiemos. Difícil pero no imposible.

El reordenamiento de Cambiemos con menos poder para Marcos Peña

El optimismo es una constante puertas adentro de la Casa Rosada. Con los gestos del mercado, el gobierno decidió encarar una etapa de refundación con más política y menos markenting. Rogelio Frigerio y Emilio Monzó recuperaron la voz y el voto que Marcos Peña se había encargado de quitarles.

En este sentido, y frente a la necesidad de mostrar unidad y apertura dentro de Cambiemos se abrieron mesas políticas de las que participarán los radicales Ernesto Sanz, Gerardo Morales, Alfredo Cornejo y el ‘lilito’ Fernando Sánchez. Vale el siguiente interrogante: ¿No será que el ex senador por Mendoza opera como embajador de Macri dentro del radicalismo al igual que jujeño sediento de recursos para garantizar la continuidad en su provincia?

Más allá de estas suspicacias, queda en claro que el gran perdedor del reordenamiento fue el jefe de gabinete que en adelante deberá pagar el costo de haber ninguneado a propios y extraños. Expectante mira el nuevo escenario la gobernadora Vidal que parece haber encontrado una solución a su rivalidad con Marcos Peña, y ahora si, empieza a observar con expectativas el tablero electoral del 2019 habida cuenta del golpazo que sufrió Mauricio Macri.

El GAN para la victoria y las secuelas de una crisis que está lejos de haber terminado

Por fuera del terreno de la alianza Cambiemos, el gobierno buscará un consenso con el peronismo, eso que Marcos Peña denominó el “Gran Acuerdo Nacional”. Encrucijada para el justicialismo, ya que nuevamente vuelve a quedar en evidencia los límites de esa tercera vía que no termina de tener sustancia a la hora de proyectar una opción electoral.

El acuerdo que pretende el oficialismo no es más que el intento de socializar el costo del ajuste que exigirá el FMI. El parlamento sería el terreno para poner en práctica este pacto de la Moncloa tardío que ya Pichetto le había sugerido al presidente de la nación. Con el telón de fondo del presupuesto y las elecciones provinciales del 2019, trabajarán Monzó, Pinedo y Frigerio para acercar a los gobernadores que, de lo contrario, podrían quedar ubicados en una oposición frontal y a merced de la ex presidenta.

Entre tanto, el terreno para profundizar la oposición quedó abierto para Unidad Ciudadana. Es que además de rechazar la convocatoria del oficialismo, el kirchnerismo exigirá que el acuerdo con el Fondo Monetario pase por el Congreso de la nación intentando exponer al peronismo si es que finalmente arribara a un entendimiento con la Rosada.

Más allá de los movimientos de la política, lo cierto es que la crisis económica está lejos de haber sido resuelta. El freno a la corrida fue tan solo un parche, y a los problemas estructurales se le sumarán las consecuencias por la aplicación del programa de ajuste del FMI.

La inflación en ascenso junto a la exorbitante tasa de las Lebacs terminará por planchar la economía. Las paritarias a la baja englobadas en el “club del 15%” abrirán un nuevo terreno de disputa social que vendrá a sumarse a los tarifazos en los servicios públicos.

Lo que dejó esta crisis es tierra arrasada, el gobierno perdió credibilidad, espalda y proyección de futuro. Macri iniciará el proceso de reconstrucción apostando nuevamente por la política a sabiendas de que la economía no terminará de empujar y que el relato de la herencia se esfumó tanto como la fantasía del segundo semestre.

Difícil terreno para el gobierno, recuperar credibilidad de la sociedad para profundizar el ajuste. Eso sí, esta vez es enserio, y el schock a la economía afectará de manera directa el salario de la clase media.

Todo un desafío, enamorar golpeando el bolsillo. La Argentina es el reino de lo imprevisible, y en adelante, Cambiemos buscará con el “mito del ajuste necesario” ir por un segundo mandato.

Faltan 15 meses para el inicio del calendario electoral, y así como antes el oficialismo se apuró en dar por hecha la reelección, ahora la oposición debe evitar caer en los excesos del optimismo infundado.

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