Corte y confección

macrilorenzetti

Leemos a Carlos Pagni, en la edición del jueves último del diario La Nación: < <(…) Para comprender la decisión de Macri hay que atender (…) a los anuncios de Prat-Gay. El Presidente pretende contar con dos jueces confiables en la Corte durante el rodaje inicial de su programa económico, que puede dar lugar a litigios peligrosos. Esta necesidad no habría sido tan urgente si la relación con Ricardo Lorenzetti no se hubiera dañado por el fallo sobre la coparticipación provincial. Macri apuesta a que Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti neutralicen el poder de Lorenzetti. (…)>>

Hay que dar crédito a una de las plumas mayores del matutino fundado por Bartolomé Mitre, cuyo inicio de gobierno fue equívocamente referido esta semana entre los escasos elementos con que el presidente Maurizio Macrì fundamentó su resolución de patear el tablero con la –inédita en democracia– designación de dos juristas para cubrir las vacantes que en la integración de la Corte Suprema de Justicia generaron las renuncias de Eugenio Zaffaroni y Carlos Fayt. Lo hizo, se sabe, a través de la lectura tirada de los pelos de una atribución que la Constitución Nacional otorga al Poder Ejecutivo de saltearse, por razones de excepcionalidad y provisoriamente, el acuerdo senatorial que se requiere para algunos nombramientos de cargos. Pero entre los cuales, según opinión mayoritaria, no se incluye a los ministros del máximo tribunal de justicia del país.

No es la polémica jurídica, sin embargo, el objeto de este texto. Antes bien, interesa, fundamentalmente, descular las razones que Macrì puede haber tenido para poner en juego una de las vigas maestras del edificio conceptual de Cambiemos, la alianza social que lo catapultó al gobierno nacional: el republicanismo. Con todos los matices que cabría hacer a esa caracterización, claro; pero para dar por válidas ciertas nociones a modo de código común.

Por lo demás, el propio jefe de Estado desmintió la urgencia que alegó en el decreto en cuestión cuando finalmente acordó con el titular de la Corte postergar estos asuntos hasta febrero próximo.

Recapitulemos: Macri se decidió esta semana por el shock regresivo como programa económico. Que, pretextado en la necesidad de solucionar la restricción externa, en realidad reconfigurará la distribución del ingreso nacional en contra de los sectores ajenos al privilegio de la trama socioeconómica argentina. Es innegable que ese problema existe, que urge resolverlo, que el Frente para la Victoria se debe una autocrítica por haber dejado pendiente una salida a ese embrollo por las buenas –lo que en parte favoreció el arribo a la cima de quienes ahora lo harán por las malas– y, en definitiva, que hay altísimas probabilidades de que el saldo externo se recomponga a partir de las medidas que dictó el nuevo equipo económico. El debate, así, tampoco es por los números.

Cambiemos obtuvo el triunfo más estrecho de la historia nacional, debido, fundamentalmente, a las deudas de gestión del kirchnerismo 2011/2015. El voto siempre es principalmente contra algo. Y en cuanto a su propia plataforma, enfatizando en apelaciones a la premura por recuperar la concordia y el diálogo presuntamente extraviados en la grieta, y subalternando su propuesta de ajuste contra los ingresos que, igualmente, no implicaría dolor alguno para los beneficiarios de los montos recortados. El sacrificio indoloro de Slavoj Zizek, noción que distingue a muchos espacios de la política moderna, entre cuyos máximos exponentes figura el elenco dirigencial oficialista.

El sentido del sufragio 2015 lejos está de ser la vuelta de campana que se presagia por estas horas. El equilibrio programático que desde esta columna se creyó ver en los primeros pasos del nuevo presidente quedó tan en la Historia, suponiendo que haya existido, como en ridículo este comentarista por suponerlo, habida cuenta el diseño del esquema de poder PRO.

Ahora bien, esa sociología, diríase moderada, que le permitió a Macrì construir una mayoría circunstancial por su descontento con el inferior segundo mandato de CFK, pero que en modo alguno puede ser inscripto en una voluntad liberal como la que está en ciernes en el renovado Balcarce 50, se corresponde con un Congreso nacional en el que el kirchnerismo sigue siendo la principal fuerza política. El declive de esa tropa asombra si se lo compara con el caudal que había acumulado hace cuatro años, pero en el panorama relativo actual sigue siendo un volumen casi determinante. Y opera como freno objetivo a las aspiraciones del Presidente, y del Círculo Rojo al que en parte expresa.

Conviene recordar que uno de los ejes fundamentales de las reformas profundas que concretó el ex presidente Carlos Menem en el Estado durante sus dos gobiernos fue la construcción de una Corte Suprema de Justicia adicta cuando apenas había asumido el mando, también con vicios procedimentales –nada en comparación a los nombramientos de Macrì–. Y que Néstor Kirchner inició su acumulación de robustez propia a partir del desplazamiento que impulsó de los supremos menemistas. A favor de distintas representatividades cada uno de ellos, obvio, lo cierto es que la serie parece demostrar que la constante, cuando la cosa viene de modificaciones estructurales, es meter mano en el tribunal federal. Al revés, cuando Fernando De La Rúa prometió (y cumplió) continuidad neoliberal en 1999, Julio Nazareno y compañía permanecieron en sus butacas.

En resumidas cuentas, el líder de PRO buscará en tribunales lo que no le proveyó el comicio de octubre, que definió el reparto legislativo que lo complica. Tiene buenas probabilidades: se trata, ése, del refugio último del establishment, que viene a exigir de vuelta lo que le pertenece. Pero en la cúspide del menos democrático de los poderes habita un tipo con (irreprochables) afanes políticos. Difíciles de precisar, pero que en cualquier variante posible/imaginable apuntan a su inserción en las estructuras permanentes, aquellas inmunes a ninguna clase de escrutinio popular.

Lorenzetti goza entre sus colegas del mayor consenso que un jefe judicial jamás haya reunido, porque peleó y consiguió para su territorio amplios márgenes de acción, con destreza dispar pero en general superior a la conocida en su gremio. Como redactor del nuevo Código Civil y Comercial de la Nación ha borrado reglas que limitaban la posibilidad de los magistrados de ejercer funciones de interpretación legal de carácter general, lo que se ha manifestado crecientemente con exhortaciones al PEN en la jurisprudencia del scrum que guía cada vez en mayor soledad, pues a la senilidad de Carlos Fayt que terminó en su renuncia, cuando quiso pero porque su situación se tornó insostenible, debe agregarse que tampoco Elena Highton ni Carlos Maqueda ejercen en plenitud. No hace falta, pues, mayor abundamiento acerca la relevancia que cobra el rafaelino en tal contexto.

Hablen con Lorenzetti, pareciera ser el título de esa novela, cuyo capítulo más reciente es la ostentación de dientes que supuso la sentencia sobre coparticipación con que el cortesano mayor saludó el resultado del balotaje. El resto lo cuenta Pagni el párrafo de apertura del presente.

No queda otra que esperar a febrero en esta dinámica, porque la letra chica de la pax que parecerían haber alcanzado los duelistas sólo ellos dos la conocen. Contrariamente a lo que quiso como reverso de esta carambola, el Presidente no logró conmover la interna peronista, que reaccionó sin fisuras, al menos frente a esta jugada. Tanto, que hasta una de las voces cantantes de la respuesta fue Rodolfo Urtubey, hasta noviembre pasado titular de la comisión que debería tramitar el examen de los mocionados por el ex alcalde porteño, y a la sazón hermano del díscolo gobernador salteño, Juan Manuel. Ello no obstante, el Congreso está siendo eludido de hecho a decreto limpio, rubro en que el nuevo inquilino de Olivos, en apenas una semana, ya ha superado a su antecesora.

Cuidado, no es éste un llanto institucionalista sino pura advertencia política: una mitad de electorado cuyos derechos van a ser puestos en juego, a la que encima se le dificulta su representación, significa un empujón de las contestaciones a las calles como lógica derivación de ese vacío.

Y mientras todo esto sucede, hay una declaración de emergencia en seguridad que no se explica.

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Pablo Papini

Abogado (UBA) // Twitter: @pabloDpapini

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