Expediente Panamá

Los detalles técnicos del #PanamáPapers no serán objeto de esta columna. Forman parte del mundo complejo del Derecho Financiero, y aquí se intenta panoramizar política. Esas implicancias de la olla destapada el domingo pasado son las que interesan principalmente a este texto, y asimismo sus derivaciones económicas y sociales. Además, los periodistas argentinos encargados del procesamiento de la documentación que originó este principio de escándalo han avisado que todavía restan muchos papeles por revisar; con lo cual, sería inoportuno adelantar juicios acerca de las especificidades del asunto. Sí es posible, en cambio, decir algunas cosas sobre la filosofía a la que aportan, y de la que se nutren, esta clase de operaciones.

El Estado argentino renunció, a fines de 2015, una semana después de la asunción presidencial de Mauricio Macri, a sus potestades de control en la cuenta capital.

A eso se le llamo, en conveniente circunloquio, levantamiento del cepo cambiario. Capítulo inicial del regreso a los circuitos de valorización financiera como eje de su modelo de acumulación. Así funcionó esa actividad entre nosotros desde el 2 de abril de 1976 hasta el 20 de diciembre de 2001. Dicho de otro modo, no le es ajena la peor crisis en doscientos años de historia, cuya detonación eyectó de Casa Rosada a Fernando De La Rúa, pero también un formato económico; y prologó la etapa del kirchnerismo, de una lógica totalmente opuesta en esa materia.

Escribió Horacio Verbitsky como comentario al pacto buitre, segundo requisito para viabilizar la bicicleta, el mismo día en que estallaron los papeles panameños: <<(…) En el pasado, el grueso del endeudamiento financió la dolarización de activos dentro del país y su reconstitución en el exterior. Los cálculos de Eduardo Basualdo, Matías Kulfas y Jorge Gaggero muestran que endeudamiento y fuga fueron entre 1974 y 2001 dos líneas paralelas. (…)>>.

Aquí se citó, el 19 de marzo último, en igual sentido, al intelectual peronista Contradicto, quien explicó que, en adelante, esto se trata de <<(…) atraer capitales foráneos para su colocación a tasas de interés jugosas. Sólo así, de hecho, ha logrado el equipo económico calmar la escalada del dólar: las LEBACS se fueron a 38%. Para que este esquema cierre, y los dineros puedan volar a gusto de nuevo tras obtener rentabilidad, se necesita un tipo de cambio predecible, que nuestro actual nivel de reservas es incapaz de garantizar. (…)>>

A propósito del expediente #‎PanamáPapers‬, no debería el pensamiento recientemente desalojado del gobierno concentrar sus empeños en un intercambio de trompadas morales con sus adversarios, complicados en estas infidencias. Porque se les estaría facilitando el contraataque: bien podrían contestarles ellos, no sin razón, con causas judiciales que involucran a ex integrantes del kirchnerismo (varias en las horas que corren, para colmo: Ricardo Jaime y Lázaro Báez). Y se entraría, así, en una sucesión interminable de indagaciones. ‬

No hay que convalidar el copamiento del debate político por las corrientes honestistas, que reducen toda discusión a la pregunta policial (quién roba/quién no). Grado cero de exigencia.

La pelea es por el desmonte de arquitecturas legales nocivas para el bienestar popular, no por la persecución de ilegalidades aisladas, que deben dirimirse en Tribunales. El desafío crucial está en las respuestas que ha dado el gobierno nacional a las revelaciones que incumben a Macri: las sociedades off shore no son per se ilegales. Es cierto, y es ése el obstáculo a remover. El maestro Aldo Ferrer distinguía entre corrupción <<(…) circunstancial y sistémica. La primera son los sobornos, los negociados puntuales. La segunda son las decisiones y políticas que generan rentas privadas espurias, no necesariamente ilegales, pero que perjudican el interés público (…)>>. Y marchan camufladas bajo eufemismos como ‘mercado’ y ‘libre comercio’.

A propósito del expediente #‎PanamáPapers, no debería el pensamiento recientemente desalojado del gobierno concentrar sus empeños en un intercambio de trompadas morales con sus adversarios, complicados en estas infidencias. No hay que convalidar el copamiento del debate político por las corrientes honestistas, que reducen toda discusión a la pregunta policial (quién roba/quién no). Grado cero de exigencia

Justo cuando el país vuelve a amigarse con el pedaleo, irrumpe ruidosamente lo inconveniente de ese diseño de país en un episodio que impacta de lleno en su precursor. El drama que la fuga habilitada por ley supone para las posibilidades de un proyecto de redistribución de la riqueza. En definitiva, todo termina remitiendo siempre a cuestiones de clase. Eludir está mal, pero no está al alcance de cualquiera. Argentina acaba de relajar su posición frente a estos dilemas. Estructuralidades sostenidas a lo largo de años, y aún décadas. De las verdaderamente definitorias en los repartos de ganadores y perdedores de una comunidad.

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¿Afectará este desparramo de documentación caribeña a Macri? Es la pregunta del millón.

Su triunfo 2015 caminó en tres patas: para empezar, el 24% que lo votó en las PASO. A efectos nominativos llámeseles liberales. Son aquellos que verdaderamente creen en su programa, y seguramente estén dispuestos a bancarlo en cualquiera mientras les garantice sus negocios y preponderancia en las decisiones de Estado. Luego está el 10% que se le sumó en octubre. Se lo proveyó la alianza que labró con radicales y Elisa Carrió. Anhelan la cruzada ética. Forjar una nueva era política elaborando las condiciones necesarias para un mani pulite local, cuya necesidad sería imperiosa tras el período kirchnerista, que en esencia habría significado ninguna otra cosa que doce años de autoritarismo y latrocinio. 1955, alerta Francisco.

Por último, 17 puntos que le permitieron imponerse en el balotaje. Desencantados del kirchnerismo, que en su mayoría probablemente hayan optado por Sergio Massa en primera vuelta. Lo que se había manifestado en 2013 como ruptura interna del espacio que en 2011 había volado a alturas electorales que asustaron, porque los ruidos en la agenda se tradujeron sobre desinteligencias preexistentes en el armado del Frente para la Victoria, pero que hasta entonces no significaba más que un llamado de atención por demandas insatisfechas (el massismo prometía conservar lo bueno y mejorar lo malo); cristalizó en 2015, pendientes de resolución aún varios de esos reclamos, en una oferta de neto corte antitético. Pedían más, no menos.

Como bien dice Martín Rodríguez, la ley electoral ayudó a Macri a ir cosechando la siembra de los diversos mensajes que dirigió a cada uno de esos segmentos, escalonadamente. Y en todos ellos hubo sabiduría de conciliación con los restantes a cambio de un fin superior. Cristiano Ratazzi fiscalizando para Cambiemos en La Matanza grafica a la perfección ese compromiso.

Sincerar la valorización financiera que se venía no habría resultado taquillero, dedicaron vasto esmero a responder a la denominada campaña del miedo. Pero superados los cien días inaugurales de gestión, ha quedado claro que estamos frente a un giro de época; una completa reversión de cuanto se haya operado por el orden precedente. Entonces, el gobierno nacional, que redistribuye ingresos regresivamente, aspira a completar la transformación que tiene planeada mediante el consenso que le provee su carácter de representación del saneamiento moral que fuera su leit motiv proselitista. Dicho sencillo: como el amarillismo no convocará por vía del bienestarismo, debe hacerlo a través de la pureza de sus miembros.

El #PanamáPapers golpea contra ese pilar, al que apostó la mayor cantidad de sus fichas.

No sería recomendable, para un dispositivo con tantos votos prestados, satisfacer las aspiraciones de sólo uno de sus componentes. Al jefe de Estado no le sobró nada para ganar: apenas alrededor de trescientos mil sufragios, uno y pico por ciento de los emitidos.

Clarín y Carrió, cada uno por sus propios motivos y a sus respectivos tiempos, han advertido en horas recientes que toda incondicionalidad tiene límite. Y esto brota a muy poco del debut de los distintos tarifazos. Concédase que los mejores contradictores son siempre los que surgen de las cuestiones sociales. Pero es íntima la ligazón que existe entre los recortes y los recursos que deberán aplicarse a las obligaciones que emanarán del reingreso al endeudamiento. El peligro es que esa decepción conecte con la furia que dispara lo que Jorge Asís ha bautizado como peste de la decencia, con la licuación transversal brasileña como espejo cercano.

Si la corrupción les hace cuesta arriba el andar hasta a gobiernos que, teniendo algunos funcionarios pecadores, otorgan realización material, no hay que hacer mucho esfuerzo para imaginarse lo que puede llegar a ser de aquellos que ni lo uno ni lo otro.

Bien se ha dicho: la deshonestidad empieza a importar recién cuando el bolsillo enflaquece.

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Pablo Papini

Abogado (UBA) // Twitter: @pabloDpapini

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