Segunda vuelta en Brasil: Dilma vs Aécio, el candidato de los medios y el establishment

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En este clima de extrema tensión, que culminó con un auténtico golpe mediático, 143 millones de electores brasileños se están dirigiendo hoy a las urnas en todo el país. Y termina así una campaña que se caracterizó por una trayectoria sorprendente: cuando tuvo inicio, en julio, todo indicaba una disputa entre Dilma y Aécio, con un tercer candidato, Eduardo Campos, del Partido Socialista Brasileño, corriendo a mucha distancia y sin ninguna perspectiva concreta de victoria. A mediados de agosto, Campos murió en un accidente aéreo ocurrido en circunstancias confusas. En su lugar entró la ambientalista evangélica Marina Silva, que luego se transformó, acorde a los sondeos electorales, en un verdadero fenómeno. Muy rápidamente superó a Dilma y pareció condenar Aécio Neves al ostracismo.

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Ahora, el gran conglomerado de los medios de comunicación corrió para socorrer a Aécio Neves. Y así el país amanece este domingo, en un ambiente de absoluta indefinición.

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Faltando poco más de una semana para la primera vuelta, y gracias a la contundencia de la campaña electoral de Dilma Rousseff, el fenómeno Marina se desinfló. Aécio Neves, que todo indicaba que estaba liquidado, reaccionó, la superó y pasó a la segunda vuelta. Marina, que tanto lo había criticado, y que tan criticada había sido por él, terminó por aliarse al neoliberal, que lideró todos los sondeos y encuestas durante las dos primeras semanas. Faltando cinco días para la fecha final, Dilma volvió a conquistar el liderazgo en los sondeos, siendo fundamental la gente en la calle, con la capacidad de movilización de los sindicatos y los movimientos sociales para la remontada del PT. Ahora, el gran conglomerado de los medios de comunicación corrió para socorrer a Aécio Neves. Y así el país amanece este domingo, en un ambiente de absoluta indefinición.

Durante esta última etapa de la campaña, tanto en los debates transmitidos por las cadenas de televisión como en la propaganda política, quedó muy claro que ambos candidatos tienen proyectos radicalmente opuestos. Dilma Rousseff asegura que, si permanece al frente del gobierno, irá a mantener la línea establecida desde 2003 por el entonces presidente Lula da Silva, de fuerte cuño social. Prometió adoptar las medidas necesarias para que la economía vuelva a crecer con fuerza para mantener la inflación bajo control, pero fue enfática en la defensa de su programa social, que va de la Bolsa Familia a la creación de escuelas técnicas de enseñanza media, de más universidades populares, de más viviendas para la población de bajos ingresos. Prometió también mantener el desempleo en los actuales niveles, los más bajos de la historia. Ya su adversario concentra sus promesas en dos campos distintos: dice que va a mantener y mejorar la mayor parte de los programas sociales existentes, pero pretende adoptar medidas drásticas para favorecer a la iniciativa privada. Anunció también que fortalecerá el superávit fiscal, reducirá la inflación a la mitad y revisará los gastos excesivos del gobierno, sin aclarar si en tales excesos se encuentran los programas de vivienda popular, de médicos extranjeros actuando en regiones a las cuales los doctores brasileños se rehúsan a ir, o de becas subsidiadas para que estudiantes de las clases más bajas puedan concurrir a universidades.
Dentro de poco se sabrá por cuál de los proyectos de país optó la mayoría de los brasileños.

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