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La periodista Magdalena Ruiz Guiñazu, en dupla con el periodista Jorge Lanata, hoy al mediodía, desde los micrófonos de radio Mitre AM790, sostuvo que la madre de Plaza de Mayo, la compañera Hebe de Bonafini, había logrado hacer con los organismos de derechos humanos lo que ni la dictadura había logrado. La audiencia democrática, boquiabierta.
En un acto de revisionismo histórico invertido, la periodista se regocijo con la versión histórica del grupo, que solo habita en la impunidad monopólica construida a fuerza de lesa humanidad. El coto de caza a la verdad, memoria y justicia, se monto durante la entrevista realizada a Margarita Stolbizer, quien en el contexto de criticar la estatización de la Universidad de las Madres, naturalizó y reafirmó con complicidad manifiesta esta mirada de la Argentina y de los derechos humanos, en un alineamiento rastrero a las fuerzas restauradoras, canjeado por centímetros de tinta, zócalos y tiempo de aire.
Lejos de la herencia Alfosinista, quien en ocasión de la campaña para su presidencia declaró, que la diferencia entre democracia y dictadura es la misma que entre la vida y la muerte, cerrando cualquier tipo de porosidad en los análisis y posiciones a la hora de pararse de un lado del mundo y de la historia. Margarita, se ve no entendió la lección, o bien la vendió.
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A las madres de la plaza, el pueblo las abraza. A Magdalena, Lanata y Margarita, eligieron el caudaloso abrazo de Magnetto. Unos elijen un abrazo del calor y otros, del terror.
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Evidentemente este acto de impunidad política, histórica y mediática marca el tiempo de una Argentina donde aun faltan nuevas páginas de profundización democrática. La ciudadanía continúa esperando que el radicalismo asuma la herencia de Irigoyen y Alfonsín, evidentemente Margarita no figura en el acta de herederos. Para el periodismo aún esperamos la herencia de Rodolfo y para los medios monopólicos todo el peso de la justicia, penal para sus crímenes y comercial para sus robos y estafas.
Pese a la campana de resonancia monopólica, la impunidad y el prestigio de los desprestigiados, la agresión hacia el ejemplo de las nuevas generaciones, no podrá pasar jamás de las páginas del monopolio a las páginas de la historia, donde Hebe hace tiempo escribió las páginas más nobles de nuestra historia y lo sigue haciendo.
A las madres de la plaza, el pueblo las abraza. A Magdalena, Lanata y Margarita, eligieron el caudaloso abrazo de Magnetto. Unos elijen un abrazo del calor y otros, del terror.
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